Cerca de la Revolución

El conocimiento nos hace responsables - Ernesto Che Guevara

Jul 14

Cumbre del G8: Otro canto de sirena

Sistema Digital

En la Cumbre del año pasado los líderes de los ocho países más ricos del mundo miraron a otro lado cuando los más pobres les hicieron demandas imperiosas para hacer frente a la repentina elevación en los precios de los alimentos que estaba produciendo la especulación financiera, una actividad que las instituciones gobernadas por los ricos habían consentido cuando no alentado mediante sus medidas liberalizadoras. Ahora, en Italia, al menos han incluido en la agenda cuestiones como la seguridad alimentaria y el cambio climático que hasta hace bien poco ni siquiera merecían la naturaleza de problemas que hubieran de ser planteados abiertamente en las cumbres. Incluso se ha hablado con cifras en la mano y de cantidades más generosas. Novedades que han merecido las alabanzas de muchos medios de comunicación, de dirigentes políticos y creadores de opinión de las tendencias más variadas. “Papi” Silvio manifestaba su propio sentir y cabe pensar que el de los demás líderes al decir que tenía “la gran satisfacción de anunciar que se ha acordado crear un fondo contra el hambre de 20.000 millones de dólares”.

Las agencias enseguida anunciaban que “el G8 se moviliza contra el hambre”, que toma las riendas de la lucha contra el cambio climático y que Obama ha logrado imponer un impulso nuevo y más contundente para que este grupo de países privilegiados se convierta efectivamente en el motor que permita aplicar las soluciones que tanto se echan en falta en el mundo.

Mucho más, si se tiene en cuenta que el acuerdo sobre ese fondo se enmarca en un ambicioso conjunto de reuniones diversas y siete documentos, y que recogen los debates y decisiones de la Cumbre y que tratan sobre el liderazgo responsable para un futuro sostenible, del avance en el Tratado de No Proliferación, de la lucha contra el terrorismo, de la necesidad de elaborar una agenda global, de los problemas económicos y del cambio climático, de los compromisos para afrontar la situación del continente africano y de la seguridad alimentaria.

Es verdad, pues, que se incorporan elementos novedosos y algunos compromisos que desde luego serían extraordinariamente importantes si se resolvieran en medidas concretas. Pero ni siquiera así se puede considerar que el resultado de la Cumbre sea alentador. No me parece que podamos considerar que se haya dado una respuesta decente ante la situación en la que se encuentra, concretamente, la economía y el Planeta en su conjunto. ¿Cómo podemos sentirnos satisfechos como Berlusconi, o aceptar que se diga que el G8 se ha movilizado contra el hambre, porque se proponga crear un fondo de 20.000 millones de dólares? ¿Cómo no tener en cuenta que esa cantidad es unas 900 veces más pequeña que la que sólo Europa y Estados Unidos han dedicado a rescatar bancos irresponsables cuando no sencillamente corruptos? ¿Se puede considerar que poner esa cifra en tres años significa una verdadera “movilización” contra el hambre cuando cada día mueren entre 25.000 y 30.000 personas de hambre, cuando sólo en 2009 va a haber 100 millones más de personas hambrientas como consecuencia de la crisis económica? ¿Acaso es decente decir que eso es una medida contundente y comprometida, satisfactoria, contra el hambre cuando estamos hablando de una cantidad que es más o menos la misma que en un año malo como 2008 ganaron solo el Banco de Santander y el BBVA? Y lo que es peor, ¿cómo creer que esta vez los países ricos sí van a cumplir sus promesas y que van a movilizar de verdad esos recursos, algo que hasta ahora nunca, nunca, nunca han hecho?

No cumplieron su propio compromiso de 2005 en Escocia, no cumplen sus compromisos con los Objetivos del Milenio, no han cumplido tampoco con su promesa del año pasado de donar 6.400 millones de dólares para reforzar a la FAO. Nunca cumplen y ahora nos quieren hacer creer que están dispuestos a cambiar el mundo porque hablan de un compromiso mayor pero sin dedicar ni un minuto ni una sola línea de sus conclusiones a explicar por qué no han hecho lo que nos dijeron otras veces que iban a hacer. Como tampoco han cumplido sus compromisos relativos al medio ambiente que ahora pretende hacer creer que saldrán reforzados tras la Cumbre.

¿Cómo sentir satisfacción y no indignación cuando los líderes que han incumplido esos compromisos y ni siquiera se detienen a analizar su incumplimiento dicen ahora en sus conclusiones que “han decidido actuar resolutivamente para implementar decisiones para erradicar la pobreza y el hambre”? ¿Acaso hay algo más resolutivo que cumplir inmediatamente con las demandas de las Naciones Unidas, o con sus propios compromisos anteriores? ¿Por qué no se limitan a cumplir con sus propias propuestas y promesas? ¿Es satisfactorio que se acuerde que los líderes de los países más poderosos del mundo van a llegar al acuerdo de acordar que hay temas sobre los cuales son necesarios acuerdos para alcanzar respuestas eficientes? ¿Acaso no están claros esos problemas y no están sus soluciones desde hace años sobre la mesa, propuestas por cientos de organizaciones civiles, por las Naciones Unidas, por instituciones o científicos y otros líderes de todas las tendencias? ¿Cómo creernos que su “compromiso para promover la salud global” es sincero si para alcanzarla bastaría con que hicieran frente a las obligaciones que ellos mismos establecieron al respecto en los Objetivos del Milenio? Y, ¿cómo no pensar que eso es puro humo si al mismo tiempo no se habla de aumentar el gasto público y de establecer sistema sanitarios públicos que es lo único que puede garantizar un objetivo como ese?

Los documentos del G8 vuelven a estar cargados de palabrería. E incluso de mentiras, como cuando dicen que “los mercados abiertos son la llave del crecimiento económico y el desarrollo”. Una clamorosa mentira porque ni uno solo de los países que ahora afirman eso ha llegado a su situación actual de desarrollo privilegiado renunciando a la protección o abriendo sus mercados. Es más, ni siquiera ahora lo hacen, o lo hacen solo en los ámbitos en los que, protegiéndose, han logrado hacerse ya con el dominio de los mercados.

De esta manera, el G8 no busca ayudar a los países pobres sino que lo que hacen en realidad es “quitarle la escalera”, en la expresión de Ha-Joon Chang, que ellos utilizaron para que ya no puedan subir hasta su exclusiva y privilegiada posición. El G8 vuelve a mencionar los acuerdos de las reuniones de Washington y Londres del G30 sobre la crisis financiera pero sin promover ni un solo avance, sin concretar ni una sola medida que sirva de impulso o para galvanizar actuaciones efectivas. Es más, habla de adoptar medidas que tengan en cuenta la situación de los más necesitados y de los países más pobre pero no se menciona ni una sola que comporte la seguridad de que eso es lo que va a ocurrir. Todo lo contrario, porque textualmente se afirma que ese beneficio de los más pobres va a ser el resultado del relanzamiento del crecimiento económico que va a provocar la apertura de los mercados. Una quimera (u otra mentira) tan grande que, como está siendo evidente, ni ellos mismos se la creen y ponen en marcha otros tipo de medidas intervencionistas.

Ulises se hizo amarrar al mástil de su barco para evitar el canto de las sirenas. Nuestra tabla de salvación no puede ser otra que un proyecto social distinto al de los poderosos que crean los problemas y luego cantan para hacernos creer que son ellos quienes tienen las soluciones.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla. Su web personal: http://www.juantorrreslopez.com

**Vía Rebelión.org

Escrito hace 7 months a las 4:44 am.

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Jul 10

La famosa Yoani y un tal Kareem, La diferencia entre ser bloguero opositor en Cuba o en Egipto

de Pascual Serrano, apuntes para la desintoxicación que producen los medios de manipulación masiva:

La periodista Olga Rodríguez nos cuenta en su magnífico libro “El hombre no teme la lluvia” (Debate, junio 2009) la historia del bloguero egipcio Kareem el Behirey, nacido en 1983. Vale la pena conocerla para compararla con otra bloguera que, según nos cuentan los medios, vive acosada y perseguida por el gobierno cubano, Yoani Sánchez.

Es habitual presentar a Cuba como una dictadura que persigue la libertad de expresión, escenario no tan habitual cuando las informaciones tratan a Egipto. Por ello conocer la situación de estos dos blogueros, cada uno crítico con el gobierno de su país, puede ser ilustrativo del talante democrático de cada gobierno y de lo acertado o no de la imagen que se proyecta en nuestros países.

Según relata Olga Rodríguez, Kareem es de origen humilde, vive con sus padres y hermana en un edificio de pisos destartalados cerca de El Cairo, su madre está prejubilada tras contagiarse en su trabajo de enfermera la hepatitis C, sin que pueda garantizarse los recursos para pagar la medicación. Kareem tuvo que financiar sus estudios trabajando de camarero. Cuando terminó su carrera no tuvo otra opción que incorporarse como obrero en la mayor fábrica textil del país, allí pasaba horas pedaleando en una máquina de coser envuelto en un ruido ensordecedor por treinta dólares al mes. Al salir de la fábrica se va a trabajar al periódico donde termina de madrugada, sin que le de tiempo a volver a casa por lo que debe pernoctar en el domicilio de un amigo. Aquí ya vamos encontrando diferencias con la cubana Yoani Sánchez. Su familia tiene en Cuba acceso gratuito a los servicios médicos y garantizados sus estudios de filología sin tener que trabajar, el estado cubano también le asegura el trabajo como filóloga, aunque ella ha renunciado para sobrevivir con los ingresos que le proporciona su blog reproducido en numerosos medios extranjeros.

En diciembre de 2006 Kareem fue expulsado seis días de la empresa textil por apoyar una huelga de trabajadoras. Fue entonces cuando decidió abrir su blog que ha terminado siendo una referencia para los movimientos sociales egipcios, a pesar de que en esa época uno de los blogueros más conocidos en Egipto fue detenido y condenado a tres años por criticar al presidente egipcio Hosni Mubarak. En septiembre de 2007 comenzó una nueva huelga en su empresa textil, la situación del país era explosiva, a principios de 2008 el precio del pan se había incrementado un 50 por ciento en un año y los disturbios se saldaron con quince muertos en tan solo dos semanas. En Egipto, el presidente Mubarak mantiene el estado de emergencia desde que subió al poder en 1981, por lo que muchos derechos y libertades están limitadas. El 6 de abril de 2008 las Fuerzas Armadas egipcias, provistas con rifles de asalto, gases lacrimógenos y pelotas de goma, rodearon una manifestación de obreros y abrieron fuego contra ellos. Murieron un niño de nueve años y un joven de veinte, y otras noventa personas resultaron heridas. Cientos de activistas fueron detenidos, entre ellos el bloguero Kareem. Las autoridades le acusaron de haber incitado a la huelga a través de su blog. Al igual que otros detenidos, fue golpeado y maltratado en su celda, recibió descargas eléctricas durante los primeros días. Hubo un amplio movimiento de solidaridad dentro del país, decenas de blogueros expresaron su apoyo a los detenidos y diez días más tarde un fiscal ordena su puesta en libertad, sin que fuera cumplida por la policía. Kareem fue expulsado de su trabajo en la industria textil y, junto con otros presos, comenzó una huelga de hambre para protestar contra los malos tratos en la prisión.

Según cuenta Olga Rodríguez, salieron finalmente de prisión tras la presión internacional de varias asociaciones de derechos humanos. También fue readmitido en la fábrica y pudo volver a su vida de pluriempleado, con la que no llega a fin de mes y con la que apenas le queda tiempo para dormir. No ha abandonado su blog. Se puede ver en http://www.egyworkers.blogspot.com/ y http://yalhwy.maktoobblog.com/. En él difunde datos de las protestas que se celebran en todo Egipto, acompañados de vídeos y fotos que él mismo capta. En uno de sus correos electrónicos a Olga Rodríguez terminaba así: “Por lo demás, bien. Feliz por leerte y feliz por estar libre. En total estuve setenta y tres días en la cárcel. La policía me sometió a descargas eléctricas por todo el cuerpo durante los tres primeros días de mi arresto. Acabo de regresar de la fábrica, me han readmitido. Sigo estando pluriempleado, duermo poco. Pero mantengo el blog, por supuesto, con más energía que nunca. Lamentablemente aquí todos los días hay mucho que denunciar. Salam maleicum”. En las últimas noticias de Kareem enviadas a Olga Rodríguez, ya después de la publicación del libro, le informa que se han repetido sus problemas con la policía egipcia cuyas presiones han provocado que le despidan de su trabajo.

Volvamos ahora con la cubana Yoani Sánchez. Ella no puede informar y fotografiar represiones policiales con fusiles y pelotas de goma en La Habana porque no las hay. Yoani no ha pisado una cárcel cubana, pero la presentan todos los medios como un icono de la lucha contra la dictadura.

Mientras Kareem debía trabajar de sol a sol para pagar sus estudios y las medicinas de su madre, Yoani, que abandonó voluntariamente su trabajo estatal de filóloga recordaba sus angustias de falta de privacidad en los campamentos de estudiantes:

Salí del preuniversitario en el campo sintiendo que nada me pertenecía, ni siquiera mi cuerpo. Vivir en albergues crea esa sensación de que toda tu vida, tus intimidades, tus objetos personales y hasta tu desnudez han pasado a ser bienes públicos. “Compartir” es palabra obligatoria y se llega a ver como normal el no poder estar –nunca– a solas. Después de años entre movilizaciones, campamentos agrícolas y una triste escuela en Alquízar, necesitaba una sobredosis de privacidad [1] .

Cuando Kareen se recupera de las torturas y descargas eléctricas en la prisión, Yoani Sánchez se indigna porque el Estado no le arregla el ascensor de su vivienda:

Ya van a cumplirse cuatro meses desde que estoy sin ascensor. Catorce pisos para abajo, catorce pisos para arriba y no hay una fecha clara de cuándo estará listo el dichoso artefacto. El montaje va a ritmo cubano, que se parece al de esos galápagos que necesitan horas y horas para avanzar unos pocos metros. Siempre surge algo que prolonga el plazo para inaugurar los nuevos ascensores rusos, mientras mis piernas emulan con las de cualquier alpinista [2] .

A Yoani la presentan como una bloguera que debe enfrentarse a la censura en Cuba, pero en La Habana se le puede encontrar con su portátil donado desde el exterior en las antesalas de los mejores hoteles de la ciudad [3] . La historia de Kareem no interesó a los medios de comunicación occidentales, sin embargo la agencia Reuters ya informó del blog de Yoani nada más inaugurarse, The Wall Street Journal le dedicó una página completa con llamada en primera plana y el periódico español El País le publicaba entrevistas en contraportada [4] . Con motivo de la elección del nuevo presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, en febrero de 2009, el propio marido de Yoani contaba que hacían cola para entrevistarla The New York Times, The Zeit, Newsweek, Washington Post, Reporteros sin Fronteras, la televisión alemana, la española, Aljazira… [5] .

El blog de Yoani es traducido a doce idiomas, a diferencia del de Kareem que solo está en árabe. En abril de 2008, el diario El País concede a Yoani el premio Ortega y Gasset de Periodismo Digital, noticia que titulan Premio al periodista comprometido [6] . Kareem, el bloguero egipcio, nunca ha sido citado en el diario. Introducido el nombre de Kareem en el buscador no aparece ninguna noticia, en cambio en el último año Yoani Sánchez apareció en 29 ocasiones, una vez cada trece días.

La misma prensa occidental que ha encumbrado a Yoani no ha dicho ni una palabra de Kareem el Behirey. La revista estadounidense Time sitúa a la cubana entre las 100 personas más influyentes del mundo [7] en la categoría “héroes y pioneros”. El dominical de El País la incluye en los 100 hispanoamericanos más notables del año [8] , la revista Foreign Policy la elige entre los 10 intelectuales más importantes del año [9] en Iberoamérica y la revista Gato Pardo, desde México, la incluye entre los 10 personajes de 2008 [10] . Pero para todos ellos Kareem no merece ni una palabra, no existe, ni es héroe, ni pionero, ni notable, ni intelectual, ni influyente. En realidad, lo que no es, es cubano. Por eso nunca se acordarán de él, aunque lo detengan y lo torturen por escribir un blog. Su enemigo es un gobierno amigo y servil de occidente, el de Mubarak, y no un gobierno díscolo a nuestros intereses como el de Cuba.

www.pascualserrano.net
Pascual Serrano acaba de publicar “Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo” . Junio 2009. Editorial Península .


[1] Ver http://vocescubanas.com/generaciony/2009/03/18/a-solas/

[2] Ver http://www.desdecuba.com/generaciony/?p=724

[3] Ver Rebelion.org 11-5-2209. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=85152

[4] El País 13-1-2008 http://www.elpais.com/articulo/ultima/vida/parte/Cuba/elpepiult/20080103elpepiult_2/Tes

[5] Ver http://desdecuba.com/reinaldoescobar/?p=63

Escrito hace 7 months a las 5:45 pm.

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Jul 06

Honduras

Sustituyendo a 1 de sus horarios de esclavitud de esta semana empiezo por daros unos enlaces que me deja en el correo para compartir:

TELESUR - En vivo

Honduras y el Golpe en Rebelión.org

Honduras y el Golpe en RadioMundial.com.ve

Honduras y el Golpe en Insurgente.org

Honduras y el Golpe en Kaosenlared.net

Escrito hace 7 months, 1 week a las 3:12 am.

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# El remedio para los despidos: cesen al jefe [0 comentarios] :

En Argentina –fuente e inspiración directa de muchas de las actuales acciones laborales– ha habido más tomas en los pasados cuatro meses que en los previos cuatro años. Un ejemplo: en enero, Arrufat, fábrica de chocolate con 70 años de existencia, fue repentinamente abandonada por sus dueños. Treinta empleados ocuparon la planta y a pesar de la enorme deuda en energía eléctrica que dejaron los antiguos propietarios producen chocolates a la luz del día usando generadores. Con un préstamo de menos de 5 mil dólares de The Working World (El Mundo Trabajador, theworkingworld.org), ONG que provee de fondos, iniciada por una simpatizante de La Toma, pudieron producir más de 10 mil huevos de pascua, su fin de semana más importante del año. Tuvieron una ganancia de 75 mil dólares, se llevaron a casa mil dólares cada uno y el resto lo ahorraron para futuras producciones. Leer más +


Jul 04

Cuba y el acceso a internet: Lo que hay que saber y nadie cuenta

Hace tiempo que venimos hablando de dar info sobre esta cuestión, aprovechando que el acceso que nos permite el trabajo es de una moderada calidad y que la información sobre Cuba suele ser silenciada por los medios generalistas. Pues eso, lo que nadie os cuenta:

Estados Unidos bloquea Internet en Cuba (l)

El ancho de banda «autorizado» al país por la Casa Blanca para la conexión a la red de redes es casi igual al de muchas empresas e incluso particulares que poseen banda ancha en otros países del mundo

Por:Amaury E. del Valle

Caricatura de FALCO, donde aparece la pantalla de una computadora llena de bloques.Un estudio divulgado recientemente por la revista PCWorld sobre la conexión a Internet en diversos países, afirma que muchos usuarios particulares tienen acceso hoy mediante pago a anchos de banda que en ocasiones superan los cien megabytes por segundo (Mbps), gracias a la extensión de las conexiones de alta velocidad y la fibra óptica.

Así, en países como Australia, Bangladesh, Reino Unido, Italia o Estados Unidos, las personas pueden acceder a un servicio de alta velocidad (DSL) con una velocidad de transferencia directa de hasta 24 megabites por segundo, e incluso en Noruega o Japón, por ejemplo, algunos usuarios particulares tienen ya conexiones de fibra óptica tan rápidas que sobrepasan los cien Mbps.

Indudablemente, esta posibilidad de «descargar» o «subir» información desde o hacia Internet ha posibilitado el desarrollo de nuevas prestaciones como la televisión digital o la transferencia de películas, y en el mundo científico ha facilitado efectuar experimentos on line y hasta transmitir operaciones en vivo.

La gran paradoja de lo anterior es que un solo usuario corporativo o incluso particular, en Europa, Asia o Estados Unidos, tiene hoy una velocidad de conexión a la red de redes mayor que la que tiene Cuba, un país con más de once millones de habitantes, que apenas tiene autorizados, vía satélite, para Internet 65 Mbps de ancho de banda para la salida y 124 Mbps para la entrada.

De hecho, a pesar de que Cuba cuenta hoy con acceso a Internet, esta «autorización» para conectarse a ella la dio, como si fuera una dádiva, el gobierno norteamericano en 1996, y no por buena voluntad, sino para explotar la web como una vía más para promover la subversión interna, el terrorismo y las presiones contra la Revolución.

Desde el surgimiento de Internet, Estados Unidos ha torpedeado el acceso de Cuba a la red informática mundial, y a la vez ha desatado una feroz campaña contra la Revolución acusándola de no dar libertad de conexión a la misma.

En realidad, por culpa de las leyes del bloqueo, el país no puede conectarse a los canales internacionales de fibra óptica que pasan muy cerca de sus costas, y tiene que hacerlo vía satélite, lo que es más caro y limita considerablemente este recurso.

Además, cada vez que Cuba intenta añadir un nuevo canal a Internet, la contraparte estadounidense debe obtener la licencia apropiada del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. De modo similar, si una compañía norteamericana quiere abrirle un nuevo canal a Cuba o decide aumentar la velocidad de la conexión, igualmente debe expedirse una licencia.

Eso explica el por qué de la «estrechez de banda» que tenemos los cubanos, por la política hostil del gobierno norteamericano, y también porque, ante esta realidad, la nación ha decidido priorizar la conexión a la red de manera organizada para garantizar un uso social de la misma, y que pueda ser utilizada adecuadamente por médicos, científicos, estudiantes, profesionales, personalidades de la Cultura, empresas, centros de investigación y muchos más.

Esta estrategia, reconocida por organismos internacionales como un modelo a seguir por los países en desarrollo, ha posibilitado que hoy existan más de 1 370 sitios virtuales bajo el .cu, 940 000 usuarios de correo electrónico y otros 219 000 de Internet, todo lo cual se multiplica en cientos de miles más si se tiene en cuenta el carácter social de muchas de estas facilidades, que permite que un mismo punto de conexión sea utilizado por varias personas, al igual que sucede con una cuenta de correo electrónico.

CERCO BRUTAL

A pesar de toda su propaganda a favor del desarrollo tecnológico para disminuir la brecha digital y del libre acceso a las nuevas tecnologías, los gobiernos norteamericanos han bloqueado el acceso de Cuba a estas o entorpecido su uso durante décadas, desde el propio triunfo de la Revolución.

En una violación cruda y real, la Casa Blanca ha impedido la importación directa de computadoras producidas por los mayores fabricantes mundiales de estos dispositivos, como Intel, Hewlett Packard, IBM o Macquintosh. Incluso, para obtener una de ellas, el país debe pagar hasta un 30 por ciento más de su valor real, al no poder ser adquirida directamente en su mayor mercado mundial, Estados Unidos, y tener que pagar altas tarifas de transportación por comprarlas lejos.

El bloqueo del acceso a las nuevas tecnologías es doblemente duro por ser precisamente EE.UU. el emporio mundial de la tecnología informática y quien ejerce un control hegemónico sobre la red de redes, pues en su suelo están los mayores servidores de Internet.

Por si fuera poco, es la Internet Corporation for Assigned Names and Numbers ICAN, la que provee de direcciones IP y nombres al resto del mundo, la que, a pesar de ser según pregonan «una organización no gubernamental sin fines de lucro», está sujeta a las leyes de la Oficina Federal para las Comunicaciones y al Departamento de Estado de Estados Unidos.

A esto hay que agregarle que el imperio norteamericano controla el 50 por ciento de los satélites de comunicación y el 75 por ciento de la red Internet. Produce el 60 por ciento del software de uso mundial y una sola compañía, Microsoft, domina con Windows, el sistema operativo instalado en más del 90 por ciento de las computadoras personales.

En el caso de la web, el 40 por ciento de los navegantes se concentran en este país, y el 80 por ciento de los contenidos difundidos en las páginas web están en inglés. Igualmente dominan el 85 por ciento del comercio electrónico.

No es de extrañar entonces que Estados Unidos intente por todos los medios alzarse como el paladín de la libertad de expresión y conexión a Internet, pues en realidad busca vender el «modo de vida americano» y convertir a la red en una mercancía, y no en el instrumento de desarrollo que es en realidad.

WINDOWS LIMITADO

Además, los cubanos no tienen acceso a los principales programas informáticos, ni siquiera al sistema operativo instalado en casi el 90 por ciento de las computadoras del mundo: Windows.

Por las leyes del bloqueo no se puede acceder legalmente a programas informáticos de trabajo con textos, imágenes, manejo de información o programación, tales como Microsoft Office, Adobe Photoshop, ACD See, Internet Explorer, write Express, Borland; o a software antivirus actualizados como Norton Antivirus, Panda Antivirus o AVP, entre otros.

Por si fuera poco, también ha visto limitada la adquisición de routers, servidores, cables y otros equipamientos para mejorar la infraestructura de sus telecomunicaciones, lo cual ha retrasado y encarecido la digitalización telefónica.

Estados Unidos bloquea sin reparos la descarga de todo tipo de programas informáticos a través de Internet para nacionales cubanos, bien personas jurídicas o particulares que pretendan hacer llegar esa tecnología a suelo nacional. Estas limitaciones son incluso extraterritoriales, pues muchas veces involucran a subsidiarias norteamericanas ubicadas en otros países o a empresas que tienen relaciones con estas.

Y no contento con esto, el gobierno norteamericano estimula, financia y dirige el uso de Internet contra Cuba como un instrumento de desestabilización, agresión y presión. Para eso ha brindado aportes monetarios considerables para la creación y mantenimiento de una serie de sitios web destinados a promover la subversión interna, o difamar sobre lo que pasa en el país, en un vano intento de desprestigiar a la Revolución Cubana en el ciberespacio.

Diez mentiras en La Vanguardia: La Internet en Venezuela según Pasquali
Rosa Miriam Elizalde
Rebelión

El 13 de junio, el diario español La Vanguardia, publicó una nota titulada “Internet y Chávez, según Antonio Pasquali” [1], que debería estudiarse en las escuelas de Comunicación como modelo para fabricar noticias a partir de verdades a medias, mentiras y especulaciones de un experto.

Démosle a Antonio Pasquali, autor del libro Comprender la comunicación, el beneficio de la duda. Supongamos que no tuvo tiempo o no hubo espacio para incorporar parte de la información que se soslayó en esa nota y por lo cual eso que se comunica no solo es falso, sino en ocasiones contradictorio e insostenible. De cualquier modo no hay manera de eximir de calumniosa la tesis fundamental de este artículo, presentada en el primer párrafo del artículo: “Tras la nacionalización por el presidente Hugo Chávez de la compañía telefónica CANTV, se intensifica en Venezuela un proceso de ‘cubanización’ de las telecomunicaciones que sin duda incrementará el control de conversaciones, transmisión de datos y capacidad de escucha.”

Veamos algunas de las afirmaciones:

1. Es preocupante que se esté tendiendo entre La Guaira (Venezuela) y Siboney (Cuba) un cable submarino de fibra óptica de 1.552 kilómetros de longitud.

¿Qué tiene de raro? ¿Por qué olvidó Pasquali o el periodista al citarlo que en Cuba toda la conexión a Internet es satelital –mucho más lenta y más cara que la fibra óptica-, por decisión de las leyes del bloqueo estadounidense contra la Isla? Cuba no se autobloquea, ni bloquea a nadie. Han sido las sucesivas administraciones estadounidenses las que le han impedido a Cuba conectarse a la malla mundial de fibra óptica submarina que posee ocho puntos en los territorios muy próximos a la Isla en el Caribe y que optimizaría extraordinariamente la comunicación. El sistema Arcos (Americas Region Caribbean Optical-ring System) conecta con fibra óptica a EE.UU., México, Centroamérica, Sudamérica y el Caribe, y brinda un servicio de ancho de banda de altísima velocidad. Pero Arcos es copropiedad de 28 carriers de la región y está liderada por New World Network, accionista norteamericano mayoritario que tiene una participación del orden de 88,2%.

La red Arcos

2. (Venezuela facilitará a Cuba) una capacidad monstruosa de 160 GIGAbytes/seg., sin aplicación en una isla muy atrasada tecnológicamente.

Venezuela facilitaría a Cuba, a través de un acuerdo mutuamente beneficioso para los dos países, el derecho legítimo a disfrutar y enlazarse a la Red de Redes[2]. Los propios documentos oficiales norteamericanos explican por qué Cuba entró tardíamente a la Internet, con una débil infraestructura que tiene el gravamen adicional de pagarse a precio de oro porque también el bloqueo prohíbe la venta a la Isla de tecnología norteamericana, que como se sabe domina la industria del hardware y el software.

3. Cuba sólo dispone de 124 megaBytes/seg en bajada de satélite y de 65 megaBytes/seg en subida, una ridiculez.

En eso tiene razón: es una ridiculez, pero le faltó agregar que es impuesta por los Estados Unidos que decide cuál es el ancho de banda que puede contratar la Isla. Cualquier hotel o café internet que no esté ubicada en el archipiélago cubano disfruta un ancho de banda igual o superior al que dispone toda Cuba para sus transmisiones por Internet. ¿Por qué Pasquali olvida este dato? ¿Por qué elude decir que cada Megabyte le cuesta a Cuba cuatro veces más caro que a todo el mundo y tiene que pelearlo con uñas y dientes? La isla pudo contar con navegación internacional solo a partir de 1996, con un condicionamiento político: forma parte del paquete de medidas de la Ley Torricelli (1992) [3] para “democratizar la sociedad cubana”. Esta Ley también decreta –y está vigente hoy- que cada Megabyte (rango de velocidad de conexión) contratado a empresas norteamericanas o sus subsidiarias debe ser aprobado por el Departamento del Tesoro. Estableció limitar esa contratación y decidió sanciones extraordinarias –multas de 50 000 dólares por cada violación- para quienes favorezcan, dentro o fuera de EE.UU., el negocio electrónico o el más mínimo beneficio económico de la Isla a través de la red.

4. El nuevo cable venezolano multiplicará en más de 2.500 veces la capacidad de comunicaciones de Cuba. Esta inversión es un misterio: la densidad telefónica cubana es de las más bajas del mundo.

Eso es una excelente noticia para los cubanos y a la vez, una contradicción en la información ofrecida por Pasquali. Resulta que es una ridiculez que Cuba tenga tan bajo ancho de banda –da por sentada la falsedad de que es una decisión de gobierno-, y dos líneas más abajo le preocupa que los cubanos quieran multiplicar su capacidad de conexión y aumentar su densidad telefónica. No se entendería semejante formulación, si la intención de Pasquali no fuera deslizar un prejuicio: “la Isla satánica accederá a las tecnologías para vigilar a los demás.” Quiere hacernos creer, sin que tengamos todos los datos sobre la mesa, el absurdo de cualquier novela negra: la víctima es en verdad el criminal.

5. El número de conexiones a internet es el menor de Latinoamérica (0,9×100hab). ¿Qué se oculta al ampliar la capacidad informática de Cuba si la población no tiene acceso a internet?

Más de lo mismo, para preparar el terreno, y otro dato manipulador. Cuba ha tenido que construir un proyecto de acceso social e intensivo, de modo que el 90 por ciento o más de las computadoras son utilizadas por más de un individuo. Es puro sentido común. Si usted tiene que distribuir la capacidad de conexión de un hotel para 12 millones de habitantes, solo puede hacer dos cosas: o dárselo a un grupito de personas o buscar una alternativa que garantice el empleo más amplio y racional de ese recurso. Eso ha hecho. Se priorizan las universidades, los centros culturales y de salud, los medios de prensa y los Joven Club de Computación -más de 600 locales que funcionan en todas las localidades del país, las 24 horas al día y que ofrecen cursos para todas las edades en los que se aprende a utilizar estas tecnologías-. Un millón de personas se han graduado en esos cursos, mientras que en todas las escuelas hay laboratorios de computación, con un promedio de 20 estudiantes por computadora. En Cuba hay 146 aulas en parajes remotos de las montañas, a las que asiste solo un niño y que son atendidas por un maestro y varios instructores, uno de ellos de computación. ¿Por qué un país bloqueado y pobre invertiría millones de dólares en instruir desde muy temprana edad en el conocimiento de la informática? Si el gobierno está interesado en limitar y censurar el acceso a Internet, ¿para qué entrena en el uso de las computadoras más modernas a más de 2 millones de niños y adolescentes, incluyendo aquellos que viven en parajes perdidos de las serranías? ¿Por qué se silencia esta verdad, fácilmente comprobable?

6. Cuba es uno de los 13 países que más censura internet.

¿Dónde están las pruebas? Hasta ahora lo único que sustenta semejante afirmación es la machacona repetición de la frase, sin un sustento real. Los más feroces incitadores de esta campaña, citados alegremente en todos los informes del Departamento de Estado norteamericano, intentaron probarlo y utilizaron para ello métodos ilegales. Reporteros sin Fronteras envió clandestinamente en octubre de 2006 a una periodista francesa, que estuvo viviendo un mes en la Isla y presentó poco después el resultado de su trabajo de espionaje, bajo el seudónimo de Clarie Voeux. El Miami Herald la entrevistó y dio cuenta de los resultados de la investigación, que según ella “habían sido sorprendentes”. Los cafés de internet en los hoteles y oficinas de correos permitían libre acceso a los sitios web, inclusive a los considerados subversivos. “Me sorprendió poder visitar todos los sitios web… Se trata de control del acceso, no de censura”, dijo al diario.[4] Y, efectivamente, ahí está el informe, pero “misteriosamente” nadie ha reparado en él.

7. El cubano normal y corriente no puede usar internet.

Falso. Lo que nadie puede es usar solo para sí mismo un canal tan estrecho de navegación, aunque posea todo el dinero del mundo. Si el país repartiera en unas pocas manos el estrecho espectro de enlace satelital, convertiría la navegación en red en un imposible para los cientos de miles de cubanos que hoy se enlazan a ella. El canal de fibra óptica que conectará a Cuba y a Venezuela es para nosotros una gran esperanza. No solo mejorará la calidad de la navegación, sino que dará la posibilidad de extender este servicio a los hogares de los cubanos, un sueño que es mucho más antiguo de lo que cabría suponer. En 1969 se creó en Cuba el Instituto Central de Investigaciones Digitales (ICID). Quien revise las intervenciones públicas del presidente Fidel Castro en esa época se tropezará frases como esta: “Somos un país sin recursos naturales, pero tenemos un recurso muy importante, la inteligencia del cubano. La computación logra eso y estoy convencido de que cada cubano podrá contar en el futuro con máquinas como estas”[5]. ¿Qué otro objetivo podría tener un

Escrito hace 7 months, 1 week a las 12:50 pm.

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Jun 29

Claves para entender qué pasa en Honduras

Tres lecturas tres para clarificar lo que está pasando, lo que no te cuentan, lo que no quieren que sepas:

Los hechos: (de Escolar.net)

1- Lo que había convocado para el domingo, lo que los golpistas han impedido, no era la reelección permanente de Zelaya ni la presidencia vitalicia. Ni siquiera la reforma de la constitución. Lo que se votaba era una consulta no vinculante para preguntar a los hondureños si les gustaría que en las próximas elecciones, en las de noviembre, se votase también la creación de una asamblea constituyente que reformase la carta magna. En resumen: era algo en apariencia tan inofensivo como preguntar si se podía preguntar por reformar la constitución, algo que, por otra parte, la propia constitución hondureña impide.

2- La actual constitución de Honduras establece un mandato único a los presidentes de cuatro años. Zelaya termina el suyo este año y, en cualquier caso, no se podría presentar a la reelección porque para noviembre no estaría aprobada la reforma constitucional que él propone. Como mucho, habría sido posible que en esa fecha se votase la posibilidad de una reforma constitucional. Él mismo ha negado en varias entrevistas que tenga intención de presentarse a la reelección.

3- El parlamento está enfrentado con el presidente entre otras cosas porque Zelaya, un terrateniente acomodado y conservador que concurrió a las urnas por el Partido Liberal, ha hecho después una política de izquierdas y se ha aliado con Hugo Chavez. En Honduras gobiernan desde hace décadas dos partidos, el Liberal -de centro derecha- y el Partido Nacional -de derecha-. Hace unos días, el Congreso aprobó una ley para prohibir que se celebrase cualquier tipo de consulta 180 días antes de unas elecciones. Es una norma ad hoc, hecha para impedir el referéndum de Zelaya.

4- La constitución hondureña se redactó en 1982, bajo la tutela de una dictadura militar que pactó una transición. Es bastante fácil de reformar -basta con una mayoría de dos tercios del Congreso, de hecho el texto constitucional está lleno de correciones- salvo en algunos puntos, que se consideran irreformables, como la unidad de la patria o la no reeleción del presidente (el modelo de presidente no reelegible y no reformable se impuso a principios de siglo tras varias guerras civiles provocadas por ello). De hecho, su artículo 4 califica la “alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia de la República” como obligatoria y califica la infracción de esta norma como “delito de traición a la Patria”, algo a lo que se agarran los golpistas argumentando que Zelaya, al plantear una reforma, ya es un traidor. Zelaya argumenta que no es así, ya que él no tiene intención de volver a presentarse, que es lo que le calificaría de traidor. Más claro es el artículo 239: “El ciudadano que haya desempeñado la titularidad del Poder Ejecutivo no podrá ser Presidente o Vicepresidente de la República. El que quebrante esta disposición o proponga su reforma, así como aquellos que lo apoyen directa o indirectamente, cesarán de inmediato en el desempeño de sus respectivos cargos y quedarán inhabilitados por diez (10) años para el ejercicio de toda función pública.”

5- El argumento que utilizó Zelaya para seguir adelante con su consulta, a pesar de las sentencias, la constitución y nuevas leyes en contra, era que no se trataba de un referéndum sino de una encuesta. En Honduras, el voto es obligatorio. No así en la consulta de Zelaya, donde el voto era opcional. Para sortear las sentencias, la “encuesta” iba a ser realizada por el equivalente hondureño al CIS, el Instituto Nacional de Estadísticas. La oposición argumentaba que la consulta estaría manipulada, pues el recuento lo haría un organismo que depende del presidente.

6- El Tribunal Supremo que ha ordenado la expulsión de Zelaya del país (según la surrealista explicación de los golpistas) no es un Tribunal Supremo equiparable a los europeos. Para empezar, porque su nombre completo es Tribunal Supremo Electoral, su composición, como la de la Corte Suprema de Justicia, emana del poder legislativo (es decir, del parlamento, de los partidos que están enfrentados con Zelaya, los golpistas que hoy han dado por bueno el golpe militar) y entre sus poderes está regular las elecciones pero no detener a los presidentes electos. No es la primera jugarreta de esta “institución”. Cuando Zelaya, inesperadamente, ganó las elecciones, el TSE retrasó durante más de un mes su acceso al poder con excusas técnicas.

7- Como jurídicamente no está establecido que el presidente deje de serlo porque el ejército lo detenga en su casa de madrugada para obligarle a abandonar el país, los golpistas han falsificado una carta de renuncia de Zelaya -que su supuesto autor ha negado- firmada hace unos días y donde se asegura que deja al cargo por motivos de salud. El Congreso ha votado hoy su destitución y el nombramiento de un nuevo presidente utilizándola como argumento.

8- La oposición política al presidente hace tiempo que utilizaba al poder judicial para boicotear su gobierno. Entre los casos más surrealistas está el de un plan para reducir el consumo de combustible y la contaminación que se denominó “Hoy no circula”, a imitación de otro similar de México DF, que funciona desde hace años. Zelaya pretendía obligar a todos los coches a que parasen un día a la semana. La Corte Suprema de Justicia lo declaró inconstitucional.

La condena internacional: (de Rebelión.org)

ONU condena categóricamente el golpe de Estado en Honduras

El presidente de la Asamblea General de la ONU, Miguel D’ Escoto condenó de manera clara y categórica, el golpe de Estado militar que se ha llevado a cabo este domingo en Honduras contra el presidente Manuel Zelaya.

D’ Escoto hace un llamado al Ejército hondureño para que desista de inmediato de sus intentos golpistas, y al mismo tiempo instó a todos los gobiernos del mundo a que se pronuncie y condenen el acto.

De igual manera mostró su solidaridad y apoyo al pueblo de Honduras y a su presidente constitucional, Manuel Zelaya.

A continuación teleSUR transmite de forma íntegra el comunicado

Comunicado de Prensa de la Oficina del Presidente de la Asamblea General Naciones Unidas, Nueva York, 28 de Junio 2009

El presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Miguel D´Escoto, condena de forma clara y categórica la acción criminal del Ejército golpista de la República de Honduras que ha quebrantado el orden constitucional al estar fraguando un golpe de estado contra el Presidente Manuel Zelaya.

D´Escoto hace un llamado al Ejército hondureño para que desista de inmediato de sus intentos golpistas al mismo tiempo que pide a todos los presidentes de Centroamérica, América Latina, el Caribe y el mundo que de inmediato se pronuncien en contra del intento de golpe y en solidaridad con el Presidente constitucional de Honduras.

D´Escoto hace “un llamado especial al Presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, quien hace unos días en la cumbre de Puerto España, en Trinidad y Tobago, anunció una nueva política de su país para con América Latina y muchos se preguntan si acaso este intento de golpe es parte de esa nueva política ya que como bien es sabido el Ejército hondureño tiene un historial de entreguismo total a los Estados Unidos. Por eso es imprescindible que el Presidente Obama -para no dar lugar a estas dudas-de inmediato condene la acción golpista en contra del Presidente Zelaya. En todo caso que quede claramente establecido que ni Estados Unidos ni ningún otro país reconocerá como legítimo a otro jefe de estado”.

El Presidente D´Escoto ha convocado de urgencia a su gabinete de crisis en su oficina de las Naciones Unidas en Nueva York para seguir de cerca los acontecimientos y tomar las medidas que estime más oportunas. D´Escoto ha señalado que la única solución a la actual crisis pasa por la restitución inmediata del Presidente Zelaya al cargo y las funciones que la soberanía popular han otorgado a éste a través de las urnas y que ninguna otra alternativa será aceptable por la comunidad internacional.

Miguel D´Escoto expresa asimismo su honda preocupación por la forma en que se está realizando la ruptura de la legalidad vigente con prácticas que deberían formar parte del pasado de la historia de América Latina y no del presente democrático del siglo XXI.

La opinión:  (en Público.es, un artículo del siempre lúcido Pascual Serrano)

El delito imperdonable de preguntar al pueblo.

En América Latina han sido muchos los presidentes que llegaron al cargo con promesas de políticas sociales que dejarían abandonadas para entregarse al servicio de los sectores más oligarcas, desde empresariales a militares. Por ello, el caso de que el presidente Manuel Zelaya en Honduras, llegado al poder como candidato del Partido Liberal, hubiese realizado el camino contrario adoptando iniciativas sociales y progresistas imprevistas en un candidato neoliberal, era todo un sacrilegio.

Nos llegaba la falsa interpretación de un presidente populista

No olvidemos que se trata del país utilizado por los sectores más reaccionarios y derechistas de la región para su política de agresividad contra cualquier conato de progresismo en Centroamérica. En Honduras se entrenaba en la década de los ochenta la Contra nicaragüense financiada mediante el entramado denominado red Irán-Contra que combatiría contra el sandinismo y se coordinaban los escuadrones de la muerte que asesinaban a líderes progresistas e intentaban dinamitar el proceso de paz en El Salvador.

En la madrugada del domingo, un comando militar secuestraba al presidente y lo sacaba del país para llevarlo a Costa Rica. El Ejército hondureño revivía así los tiempos más oscuros de la guerra fría, cuando cumplía fielmente con el papel de sesgar cualquier iniciativa o movimiento social que pudiera pretender un mínimo avance de los sectores más empobrecidos del país.

Zelaya había decretado un importante incremento al salario mínimo y estrechado relaciones con los sectores populares. En política internacional se sumó a la oleada de gobiernos progresistas que renegaban de las políticas neoliberales que dominaron los años noventa, se integró en la Alternativa Bolivariana de las Américas, un proyecto de cooperación e integración latinoamericana sugerido por Hugo Chávez, y restauró las relaciones diplomáticas con Cuba.

EEUU y la UE deben demostrar que defienden la democracia

Para este domingo cometió el delito imperdonable de “preguntar al pueblo”. Convocadas elecciones legislativas y municipales ideó la propuesta de instalar una urna más donde los ciudadanos se pudieran pronunciar sobre la convocatoria de una Asamblea Constituyente para el próximo año. Una iniciativa apoyada por la firma de 400.000 ciudadanos hondureños, las tres centrales obreras, el Bloque Popular de Honduras y toda una serie de organizaciones sociales, pero no por los sectores empresariales que temen cambios en sus privilegios fiscales y en la política de expolio de los recursos naturales del país.

La gran mayoría de países de la región, así como la Organización de Estados Americanos (OEA), condenaron inmediatamente el golpe de Estado. Todo ello contrasta con el silencio inicial de los gobiernos europeos, instituciones de la Unión y políticos y analistas de opinión.

Los paralelismos con la complicidad con el golpe de Estado en Venezuela, en abril de 2002, son evidentes. También ahora nos llegaba la tendenciosa y falsa interpretación de un presidente populista que deseaba cambiar la Constitución para ator-nillarse al cargo sólo porque intentó consultar a los ciudadanos.

Curiosa Unión Europea, que adopta resoluciones de condena cuando no se renueva un canal de televisión en Venezuela y que seguía sin pronunciarse horas después de que los militares secuestraran a un presidente latinoamericano.

Es en estos momentos cuando Estados Unidos y la Unión Europea deben demostrar que defienden la democracia y las instituciones. Su mera pasividad mostraría una connivencia con el golpismo que terminaría con el poco prestigio que les pueda quedar entre los latinoamericanos.

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No dejen que les roben también el criterio. Salud.

Escrito hace 7 months, 2 weeks a las 9:10 am.

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Jun 27

Crisis capitalista: la racionalidad del abismo

Hay poco tiempo, así que, de momento, ejerceremos de altvoz para Alba Rico, que no es poco.

El pasado 20 de enero, un joven y brillante millonario irlandés, Patrick Rocca, lanzado al firmamento empresarial por el globo inmobiliario, sucumbió al vértigo de la caída irremediable. Propietario de la Accorp Properties, amigo de Blair y Clinton, dueño de mansiones en Dublín y Marbella, socio de los más exclusivos clubs privados de Inglaterra, buen jugador de tenis, buen degustador de vinos, no pudo soportar la ruina del Anglo-Irish Bank y se quitó la vida de un disparo en la cabeza.

Quince días antes, el 5 de enero, uno de los 100 hombres más ricos del mundo, el alemán Adolf Merckle, 75 años, propietario de un holding empresarial para el que trabajaban 100.000 personas, sintió el repentino desvalimiento de un jubilado, renunció a seguir negociando su imperio con 20 bancos y se arrojó a la vía del tren. El mismo gesto había acabado un mes antes con la vida del millonario neozelandés Kirk Stephenson, director de operaciones de una compañía de inversiones afectada por la quiebra de Lehman Brothers.

También el 5 de enero, el día en que Adolf Merckle imitaba a Ana Karenina, se suicidó dentro de su lujoso Jaguar el presidente de una de las inmobiliarias más importantes de EEUU, Steven Good, desesperado ante la idea de no poder seguir construyendo y vendiendo casas. Dos semanas antes, el financiero francés, René-Thierry Magon de la Villehuchet, cofundador de Access Internacional Advisor y gestor de 1.000 millones de euros arrojados a las arenas movedizas de Madoff, se había cortado las venas en su despacho en Nueva York. Al menos otros cuatro analistas e inversores estadounidenses, Eric von der Porten, Barry Fox, Edwin Rachleff y Scott Coles, todos ellos ricos y felices hasta pocos días antes, decidieron a finales del año 2008 interrumpir una existencia despojada de pronto de todo sentido.

Los ricos se suicidan: es que hay una crisis del capitalismo.

El 31 de julio del año 2002, Pedda Narsamna, campesina india de 50 años, se ahorcó en la aldea de Pandi Parthi abrumada por las deudas, dejando a los ocho miembros de su familia sumidos en la más negra desolación. En noviembre de 2008, Anil Khondwa Shinde, un pequeño agricultor del distrito de Vidarba, en el Estado indio de Maharashtra, se suicidó a los 31 años ingiriendo el potente pesticida que le habían proporcionado los mismos proveedores a los que no podía pagar los préstamos adelantados para comprarlo. Shankara Mandaukar, otro campesino de Napgur, en la India Central, había hecho lo mismo pocos días antes: viendo amenazadas sus pobres tierras por el impago de deudas, se bebió un tazón del insecticida químico que había contribuido a su ruina.

Según datos oficiales, entre los años 1997 y 2005, más de 150.000 campesinos se han suicidado en la India, despojados de sus tierras o arruinados por las grandes multinacionales de la alimentación, con Monsanto a la cabeza, que controlan el negocio de las semillas y los pesticidas. En los últimos seis meses, se han suicidado 9 millonarios en todo el mundo; es decir, una media de 1 millonario cada 20 días. Desde el año 1997, sólo en la India se ha suicidado un campesino cada 32 minutos; 1 cada 30 minutos a partir del año 2002.

Los pobres se suicidan: es que hay sencillamente capitalismo1.

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El año 29 fijó para siempre la imagen del apocalipsis económico: la de los edificios de Wall Street vomitando por todas sus ventanas a los millonarios de Nueva York. En realidad, sólo fueron dos los que saltaron al vacío, pero la caricatura es certera, porque expresa -junto al deseo fabuloso de una purga igualitaria- la desigualdad fascinante del capitalismo2. El hambre, la miseria, el paro, la enfermedad, el dolor de 4.000 millones de seres humanos no merecen la intervención de los expertos, la atención de los periodistas, la reunión del G-20: demuestran más bien la salud del sistema. Ni siquiera dan para una tragedia griega o una peripecia hollywoodiense. El drama empieza allí donde la riqueza ha producido previamente una personalidad ; la crisis adquiere rango sistémico, universal, cósmico, cuando alcanza la lista Forbes. ¿900 millones de hambrientos? Nos los podemos permitir. ¿La mitad de la población del planeta sin agua potable? Esto funciona. ¿16.000 especies en peligro de extinción? Trillones de dólares giran sin descanso en los circuitos financieros. ¿El número de milmillonarios pasa de 1125 a 793? Es la crisis. Al capitalismo le es indiferente si entre los diez hombres más ricos del mundo está Amancio Ortega, pero le es indispensable jerarquizar la riqueza; no le importa quiénes forman parte de la lista, a condición de que la lista exista, sume crecientes fortunas y promueva rivalidades deportivas. Desgraciadamente no es una ilusión alienante ni una manipulación propagandística: si los campesinos indios se quitan la vida, las empresas mejoran sus balances; si los millonarios se suicidan, si pierden dinero, si ven reducido su patrimonio en un 23%, todos estamos en peligro. Dependemos de ellos. La racionalidad económica del sistema es inseparable de su irracionalidad general: si funciona, el capitalismo condena a la pobreza y la marginación a la mitad del planeta; si deja de funcionar, se lleva por delante también a la otra mitad. La única especie que la humanidad debe proteger, la única a la que no podemos renunciar -ni osos ni elefantes ni árboles- está incluida, no en la clasificación de Linneo, no, sino en el ranking plutocrático de la revista Forbes.

Nadie puede negar la superioridad del capitalismo. Funciona: ha producido más riqueza, más bienestar, más soluciones que ningún otro modo de producción histórico. Funciona: ha producido más pobreza, más malestar, más problemas que ningún otro modo de producción histórico. En términos económicos no sólo es superior; es también insuperable. Lleva dentro, como su motor y su maldición, la necesidad de revolucionar ininterrumpidamente las fuerzas productivas, moldear las sociedades, reorganizar los territorios, saturar el espacio, colonizar el tiempo, multiplicando en su camino, con fertilidad taumatúrgica, como en un cuento de hadas, los alimentos, las máquinas, los edificios, las medicinas, los libros, los placeres; y también, y al mismo tiempo, el hambre, las ruinas, las enfermedades, la ignorancia, los dolores. Al contrario que al socialismo, nadie puede reprochar al capitalismo sus muertos, sus marginados, sus represaliados, sus perseguidos, porque su objetivo declarado no es el hombre y sus necesidades bioculturales sino la reproducción ampliada de su delirio y a ese propósito sirven por igual un automóvil y un cadáver, un granero y una guerra, la bulimia y la indigencia. Bajo el capitalismo, las crisis no se producen por una acumulación de cadáveres, epidemias o hambrunas -como en la visión de nuestros antepasados- sino por una acumulación destructiva de riqueza; sobreviene no cuando la humanidad sufre demasiado sino cuando sus sufrimientos no generan ya suficientes beneficios. Cuando estalla, el aumento del número de los cadáveres, las epidemias y las hambrunas no es tampoco -como lo era para nuestros antepasados- una consecuencia de la crisis: es más bien una solución.

Desde el punto de vista humano, el capitalismo ha consistido siempre en una crisis ininterrumpida; desde su racionalidad inmanente, lleva 35 años tratando de sustraerse a sus propios límites mediante expansiones centrífugas que han ido acompañadas, como recuerda el economista argentino Mario Rapoport, de una traca de crisis parciales y sucesivas: “la crisis monetaria en EE.UU. y la ruptura del patrón oro en 1971; el alza de los precios del petróleo en 1973 y 1979; la crisis de la deuda externa latinoamericana en 1982; el crac bursátil de Wall Street en 1987; las crisis de las cajas de ahorro estadounidenses en 1989; el crac japonés en 1990. Luego vienen las crisis periféricas de fin de siglo: la mexicana (1994), la del sudeste asiático (1997), la rusa (1998) y la brasileña (1999). Y a partir del nuevo siglo otro encadenamiento: el derrumbe de las punto.com en el 2000; las crisis en Turquía y en la Argentina (2001); la quiebras de Enron y World Com (2001 y 2002); las repercusiones financieras del atentando a las Torres Gemelas y de la invasión a Irak. Para culminar con la actual crisis de las subprime, que estalla en 2007 y a la cual se suman en 2008 las caídas de Lehman Brothers, las compañías hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac y la aseguradora AIG, más las de unos cuantos bancos europeos y norteamericanos”3. Cada una de estas crisis, espasmódica cornucopia de pompas de jabón, expresaba y exigía nuevas medidas de eso que con lapidaria precisión Atilio Borón ha llamado “contrarreformas” neoliberales, con un retorno a las condiciones laborales, políticas y antropológicas de la Revoluciòn Industrial4. Cada una de estas crisis retrasaba y anunciaba la Crisis que se abate ahora sobre un mundo sobrepoblado, rebañado hasta los huesos y armado hasta los dientes. Cualesquiera sean las discrepancias acerca del pronóstico, ni los más desvergonzados defensores del libre-mercado -los que siguen golpeándose el pecho en público- se atreverían a desmentir en privado el diagnóstico: “lo que ocurre es la desintegración del capitalismo como sistema-mundo, no porque no pueda garantizar el bienestar de la vasta mayoría (nunca ha podido hacer eso) sino porque ya no puede asegurar que los capitalistas tengan la incesante acumulación de capital que es su raison d’être”5. Cualesquiera sean las discrepancias sobre el desenlace, todos los pronósticos coinciden en que todas las soluciones -dentro o fuera del sistema- pasan por un aumento de los cadáveres, las epidemias y las hambrunas. La lista Forbes huele las yeguas del apocalipsis: unos, muy pocos, se suicidan; otros se reparten las ayudas de los gobiernos (o celebran cenas millonarias6); los demás afilan las tijeras para recortar puestos de trabajo, rebajar salarios y, llegado el caso, segar vidas. Los Estados del Bienestar (allí donde los había) suministran billones de dólares a los bancos, las aseguradoras y las empresas y psicoterapeutas a los despedidos y los parados7.

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Hay que estar muy loco para hacer un mínimo ejercicio de razón. Como estamos cuerdos, corremos a socorrer a un sistema irracional. En el orden inmanente del mercado, la lista del INEM depende de la lista Forbes. Aunque el “efecto derrame” no haya producido ni siquiera un goteo, aunque el poder adquisitivo de los asalariados descendiera durante las décadas prodigiosas de las pompas de jabón, es verdad que a los trabajadores -al menos en algunas regiones del planeta- les puede ir aún peor si el Estado no utiliza sus ahorros para sostener a los bancos y las empresas. Después de todo, los banqueros y empresarios son los donadores de créditos y salarios como los propietarios esclavistas eran donadores de casa, alimento y protección y los señores feudales eran donadores de tierra y seguridad. Si uno era esclavo, era mejor tener un amo, incluso uno severo, que morir de frío en la montaña perseguido por los perros; si uno era vasallo, era mejor tener un señor, aunque esquilmase las hijas y las cosechas, que verlas secuestradas o incendiadas por invasores sin piedad; si uno es un asalariado o aspira a serlo, es mejor tener un banquero y un empresario, por muy exigentes que sean, que buscar comida en la basura y dormir sobre cartones. Los tres -esclavismo, feudalismo y capitalismo- constituyen dispositivos funcionales de dependencia recíproca entre desiguales. El esclavismo era relativamente eficaz; el feudalismo era bastante eficaz; el capitalismo es eficacísimo. Pero al capitalismo, como al esclavismo y al feudalismo, no hay que reprocharles su ineficacia; hay que reprocharles su existencia.

La palabra “crisis” deriva del griego y pertenece originalmente al campo de la nosología: con ella se nombraba ese momento liminar en el que se decide el desenlace de una dolencia, en el que el cuerpo escenifica, por así decirlo, el “juicio final” a partir del cual se impone definitivamente la enfermedad o la salud. Krisis -”decisión”- procede de Krio -”yo separo, decido, juzgo”- y de ambos se desprende “crítica”, en el sentido en que usa Kant este término en el título de algunas de sus obras más conocidas. Una crisis, pues, es esa situación en la que se dirime el destino y se revelan los límites de un organismo vivo o una estructura compleja. Estamos en crisis. Estamos -es decir- en una coyuntura crítica en la que se decide la suerte, no de unos cuantos millones de seres humanos arrojados al fuego como combustible vivo, sino del sistema mismo que los sacrifica; y en la que ese sistema revela además los límites exteriores, absolutos, que su inmanencia viciosa ya no puede rebasar. ¿Cuáles son esos dos límites? El dolor y la naturaleza; el planeta cuerpo y el planeta tierra. El capitalismo, que ha producido más riqueza que ningún otro modo de producción anterior, sería perfecto y no sólo eficaz si, como Dios, crease sus propios recursos de la nada y si ser robado, golpeado, privado de alimentos, desnudado, humillado, despreciado y asesinado fuese placentero o, por lo menos, justo.

Hay un cupo de dolor, una prorrata de injusticia que ningún sistema puede sobrepasar sin generar resistencia. La propia eficacia del capitalismo lo transforma en el sistema más injusto de la historia. Que sea capaz de producir alimentos para alimentar tres veces a la población de la tierra, convierte el hambre de 965 millones de personas en un genocidio voluntario; que sea capaz de prolongar la vida hasta los 80 años en determinadas franjas geográficas y sociales, convierte en un crimen imputable la media de edad de Sierra Leona, Haiti o Bangladesh; que sea capaz de trasplantar órganos, fabricar prótesis, modificar genes, convierte la disentería, el dengue y la malaria, que matan a millones de personas y podrían curarse con un puñadito de píldoras, en una puñalada intencionadamente mortal. El dolor es doblemente dolor en un mundo con televisión; la injusticia es doblemente injusticia en un mundo globalizado y transparente. La resistencia es inevitable; nada garantiza, en cambio, que haya de ser inteligente, ordenada, razonable, socialista. La mística, filósofa y obrera Simone Weil escribía: “El que tiene los miembros desechos por una jornada de trabajo lleva en su carne como una espina la realidad del Universo. Para él la dificultad es mirarlo y amarlo”8. Cuando se lleva clavada la espina de la realidad en el cuerpo y en el alma, uno no se para a mirar -a razonar- la zarza en la que está atrapado. La resistencia puede parecerse -se parece ya- al mundo que quiere sacudirse de encima: subpolítica, biológica, espasmódica, individual.

El capitalismo no saca sus recursos de un sombrero sino del mundo, donde hay un poquito de agua, un poquito de viento, un poquito de aire y un poquito de tierra. Por mucho que se trate de huir hacia las pompas de jabón, ahí está el límite exterior que detiene todos los delirios de beneficios sin freno. Podemos imaginar quizás una civilización que con la formidable riqueza capitalista hubiese hecho algo mejor que Hollywoods, McDonalds y centros comerciales, pero lo que ya no podemos imaginar es una sociedad viable con esos niveles de riqueza, ni bien ni mal repartida. La crisis revela el veneno mortal inscrito en el concepto central, irrenunciable, de la economía capitalista: el crecimiento. Dependemos irracionalmente de una racionalidad inmanente que impone como natural la explotación entre desiguales; dependemos irracionalmente de una racionalidad inmanente que exige como la única salida posible la destrucción del planeta. No crecer empequeñece; decrecer mata; salvar las condiciones mismas de toda supervivencia precipita el apocalipsis. La crisis, que es de sobreproducción, sólo puede superarse, o al menos contenerse, con sobreconsumo, que es como decir que la única solución frente a la escasez de petróleo es utilizar más el coche o la única solución frente a la sequía es dejar el grifo abierto las 24 horas del día. La responsabilidad última de la crisis -nos dicen los gobiernos y los economistas- no la tienen los bancos ni las aseguradoras ni las financieras ni las empresas sino los consumidores, que compran menos casas y menos coches, gastan menos luz y menos teléfono y van menos al supermercado. Mientras militantes de todo el mundo insisten en el carácter social y ecológicamente destructivo del consumo irresponsable, EEUU suministrará una ayuda adicional de un billón de dólares a los bancos para créditos al consumo; e incluso el secretario general de CCOO en Castilla y León, Ángel Hernández , ha pedido el aumento del consumo como una de las medidas “voluntaristas”, casi militantes también, destinadas a amortiguar las consecuencias de la crisis económica: “Hernández” -dice El Mundo- “se dirigió a aquellos trabajadores y trabajadoras que tienen “su empleo asegurado” para que “muevan el dinero”9. La crisis obliga a acelerar la cabalgada hacia el abismo y habría que estar loco para no ceder a esta locura. En España hay 3.000.000 de casas vacías y la relatora especial de NNUU, Raquel Rotnik, ha señalado la hybris de la construcción como causa directa de la crisis y paradójica suspensión del derecho básico a la vivienda en nuestro país, pero se insiste, como solución, en que “hay suelo municipal y autonómico para construir 625.000 viviendas sociales” y salvar así al mismo sector inmobiliario privado que nos ha llevado a la ruina10. En el mundo hay 1.000 millones de automóviles, responsables de la mayor parte de la contaminación ambiental; el ártico se derrite, el cambio climático mata todos los años a 13 millones de personas y los agrocombustibles agravan la crisis alimentaria en grandes zonas del planeta, pero no podemos dejar de recibir como una pésima noticia -una tragedia dantesca que requiere una intervención de emergencia- el descenso vertiginoso de la venta de coches en Europa y EEUU (casi un 47% al cierre del año 2008 en España). Esa es la racionalidad inmanente del capitalismo: sería un suicidio no apoyar una economía que acabará matándonos. Esa es la lección paradójica de la crisis: sería una irresponsabilidad, una inmoralidad, un crimen, no serrar la rama en la que estamos precariamente sentados. Y todos -como decía Brecht- nos ponemos a inventar sierras.

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La “decisión” (crisis) del capitalismo es también una decisión nuestra. Cualquier proyecto alternativo debe aceptar esos límites que el socialismo estalinista -productivista y desarrollista- tampoco aceptó nunca y que obligan a cuestionar radicalmente el vínculo ideológico fraudulento entre supervivencia y crecimiento y, más allá, entre bienestar y crecimiento. Sin duda cabe imaginar, como decíamos, una civilización injusta más elegante que hubiera utilizado los enormes recursos del capitalismo para producir obras estética y culturalmente superiores, pero lo que la crisis revela asimismo es toda la potencia destructiva de la búsqueda capitalista de esa triada platónica inscrita en la tradición intelectual occidental: lo bueno, lo bello, lo verdadero. Nos olvidamos de que la naturaleza es una limitada chapuza, de que nuestros cuerpos están sujetos con alfileres, de que la historia ha retrocedido muchas veces. Lo bueno, si no es generalizable, es malo; lo bello, si cuesta la vida a mucha gente, es feo; lo verdadero, si es injusto, es falso. Frente a esa triada históricamente irrealizable, debemos reivindicar lo regular, lo bonito, lo aproximado, como lo único realmente compatible con la supervivencia de la naturaleza y de la civilización humana. Por eso lo regular es más bueno que lo bueno; lo bonito es más bello que lo bello; y lo aproximado es más verdadero que lo verdadero.

Lo contrario de krisis es kairos , que en la filosofía griega y romana era la “oportunidad”, el “momento justo”, la grieta temporal de la intervención divina. La krisis es también nuestro kairos . ¿Sabremos aprovecharlo? Si exceptuamos esa luz embrionaria que se forma lenta y vacilante en América Latina, la situación del mundo no invita a la esperanza. La resistencia, decíamos, se parece al mundo contra el que se levanta. Lo bueno, lo bello, lo verdadero, conceptos asociados a la publicidad y el consumo de mercancías y, por lo tanto, al espasmo individual -doloroso o placentero-, constituyen ya, en un mundo globalizado y transparente, la ideología dominante de las clases dominadas. De lo regular, lo bonito y lo aproximado, condiciones de toda salvación política, nos separa no sólo la lista Forbes sino el propio deseo subjetivo de los seres humanos, atrapado en la racionalidad inmanente del capitalismo y en sus dependencias suicidas: “buscaré sólo mi supervivencia, aunque para ello tenga que matarme también a mí mismo”.

¿Será el kairos del fascismo? ¿El de la barbarie? ¿El de la extinción, al mismo tiempo, de la especie Forbes y de la especie humana? Nunca hemos estado peor preparados para una “decisión” y nunca ha hecho tanta falta una intervención. El planeta cuerpo y el planeta tierra crujen bajo nuestros pies, crujen con nuestros pies. Dejemos al menos de inventar sierras.

NOTAS

1Sobre la intervención de Monsanto en la India y en otros lugares del mundo: Marie-Monique Robin, El mundo según Monsanto , Editorial Península, Madrid 2008. Particularmente el capítulo India: las semillas del suicidio , pag. 425-444.

2Sobre la leyenda urbana de los suicidios en la crisis del 29, ver Nina Shen Rastogi, ¿Por qué no se arrojan por las ventanas los ejecutivos? , State Magazine (versión española en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=73271)

3Mario Rapoport, Diez razones de la crisis internacional, Diario Página 12, (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-120749-2009-03-01.html).

4Atilio Borón, Estado, capitalismo y democracia en América Latina , editorial Hiru, Hondarribia 2008.

5 Inmanuel Wallerstein, Enseñanzas de Brasil , Diario La Jornada ( http://www.jornada.unam.mx/2009/03/15/index.php?section=opinion&article=026a1mun )

6http://www.rebelion.org/noticia.php?id=74139

7http://www.elmundo.es/elmundo/2009/03/08/internacional/1236518113.html

8Simone Weil Oeuvres , Quarto Gallimard, París 1999.

9 ( http://www.elmundo.es/elmundo/2009/02/13/castillayleon/1234555196.html )

10http://www.elmundo.es/elmundo/2008/10/09/suvivienda/1223575875.html

Enlace al original: http://sodepaz.es/index.php?option=com_content&task=view&id=1025&Itemid=1

Escrito hace 7 months, 2 weeks a las 10:52 am.

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Jun 14

Necesitamos otra definición de “izquierda”

Después de leer las observaciones de Boaventura de Sousa Santos sobre Cuba (en su artículo, ¿Por qué Cuba es un problema difícil para la izquierda?, publicado en rebelion en abril), me ha parecido necesario escribir acerca de lo que yo creo que es la importancia que la República de Cuba tiene para la humanidad actual. Quizás es porque soy de los cree que la pregunta del título está mejor formulada de forma inversa y que el modo en que se organiza la vida social en Cuba es la solución a muchos problemas de la humanidad actual.

Lo primero es aclarar qué significa ‘izquierda’ en la pregunta retórica que encabeza el artículo. Estoy de acuerdo con Santos cuando señala que el objetivo de la izquierda es conseguir una democracia participativa; las organizaciones de izquierda son aquellas que contribuyen a los procesos de profundización de la democracia, en los que -como ahora se suele decir- se produce el empoderamiento de la sociedad civil. El pensamiento de izquierda da la razón de esos procesos y, para ello, desarrolla una confianza crítica en la razón de las gentes y los pueblos. Además en base a la experiencia histórica, percibe que los obstáculos, que el orden social capitalista opone a la realización democrática de la sociedad, son tan fuertes, que se hace necesario modificar ese orden social hasta dar lugar a una nueva sociedad socialista.

La derecha por el contrario, dirá que los obstáculos a la democracia participativa no están en el capitalismo, sino en la naturaleza humana. Por tanto, hay que demostrarle al pensamiento de derechas -¡y a nosotros mismos!-, primero, que el problema de la democracia no es natural, sino histórico; y segundo, que la democracia es necesaria para resolver los graves problemas de la humanidad actual de un modo razonable y racional. Por eso, se trata de establecer si en la República de Cuba se han producido los procesos de participación pública en las decisiones políticas, si existe un empoderamiento de la sociedad y cuáles son las consecuencias de ese empoderamiento. Por mi parte, intentaré demostrar que la República de Cuba es la mejor prueba que conozco de que se pueden superar los obstáculos a la democracia participativa en un sistema social adecuado.

¿Qué es una democracia radical o participativa?

En toda sociedad existe un tejido asociativo de organizaciones civiles, nacidas para satisfacer los intereses de los ciudadanos, -intereses de todo tipo, culturales, científicos, artísticos, religiosos, deportivos, etc.-; todo sistema político se asienta sobre un sistema de relaciones sociales prepolíticas, que constituyen la moralidad ciudadana. Cuando esas redes asociativas son activas en la determinación de la agenda política, surgen los movimientos sociales –pacifismo, ecologismo, feminismo, etc.-; y si éstos tienen la capacidad de incidir sobre las decisiones que afectan al desarrollo de la vida ciudadana, entonces nos encontramos con lo que llamamos una democracia participativa.

Para que las asociaciones ciudadanas puedan influir en la agenda política, llamando la atención sobre los problemas esenciales que atañen a la sociedad, es necesario que las personas hayan tomado conciencia de ellos. Por poner un ejemplo, hasta hace relativamente poco tiempo, en la época de Aznar la violencia contra las mujeres no parecía ser un problema para el Estado español, hasta el punto de que los ciudadanos que estamos sometidos a ese Estado, no sabíamos que asesinaban a varias decenas de mujeres todos los años. Lo fuimos descubriendo porque el movimiento feminista hizo posible que el problema apareciera en los medios de comunicación y se hiciera una ley que intenta evitar el problema. El problema está ya en la agenda política, pero todavía no se ha resuelto; en parte por la manera en que ese problema está tratado por el poder y por los medios de comunicación, y en parte también porque la sociedad civil no ha construido todavía los resortes que puedan resolverlo. En una sociedad tan conservadora como la española, dominada por una jerarquía eclesiástica profundamente misógina como es la católica, incluso lo que se ha conseguido en el terreno legal podría quedar sin efectividad práctica. Si se produjera una contrarrrevolución conservadora en ese terreno -conociendo España y sus tradiciones-, puedo imaginar con espanto que quizás alcanzara proporciones semejantes a lo que sucedió con la clase obrera en la guerra civil.

El ejemplo histórico debe aclarar lo que quiero señalar. El objetivo de la izquierda es conseguir una democracia participativa en la que los ciudadanos pueden determinar las decisiones políticas que les afectan, sobre el fundamento del robustecimiento de la sociedad civil, el fortalecimiento de la conciencia personal, alcanzando una mayor justicia en la organización social. Sólo con esa condición pueden las leyes ser efectivas. ¿De qué sirve una ley que la sociedad no reconoce? A menos que el Estado pueda ejercer la violencia suficiente para imponerla contra la opinión pública. Otra cosa es que la sociedad civil ande dividida y el Estado se apoye en un sector contra el otro; lo que constituye el problema de las clases sociales. Para ser más precisos, el Estado tiene siempre un carácter de clase, y es claro que más democrático es el Estado obrero que el burgués. Aunque el Estado obrero puede también fracasar al construir la democracia radical, el burgués suele convertirse indefectiblemente en una oligarquía.

Como intenta mostrar Santos, en una democracia participativa el Estado depende de la sociedad civil, y no a la inversa como sucede en el Estado capitalista; para que eso sea posible es necesario la existencia de dicha sociedad civil, compuesta por asociaciones de personas conscientes, cuya práctica tiende a obtener fines racionales de organización social. En Cuba el entramado institucional de asociaciones sociales han alcanzado un alto nivel de conciencia política y social, si bien el papel tutelar del Estado no ha sido todavía superado. Es este aspecto el que Santos parece criticar, puesto que además una especie de sociedad civil independiente ha aparecido en el terreno económico clandestino. Así nos encontramos en una típica paradoja hegeliana, según la cual el concepto de sociedad civil se refiere a los individuos egoístas que se relacionan a través del mercado. En ese sentido la situación es explosiva, y quizás ya habría explotado si no fuera porque hay una evolución latinoamericana hacia el socialismo.

Pero hay un pequeño detalle que demuestra que la situación no es tan grave, como podría parecer. Me refiero al control del dólar en la economía cubana, cuando el Estado fue capaz de sacar el dólar de la circulación monetaria de la economía cubana. Un ejemplo nada desdeñable, por cuanto la economía latinoamericana está dolarizada y países mucho más fuertes que Cuba en aquel continente, estarían contentos de poder hacer lo mismo. La fortaleza de la relación entre la sociedad civil y el Estado cubano, viene a mostrarse en este detalle.

¿Qué izquierda ha fracasado en el siglo XX y por qué?

Santos comienza definiendo a la izquierda como la aspiración a un sistema social postcapitalista, una sociedad alternativa a la actual que sería necesariamente socialista. Sobre la base de esta definición resulta claro que existirán entonces muchas izquierdas, tantas como imágenes del futuro postcapitalista quepan en la fantasía de las personas. Por eso dijo Marx que el futuro hay que dejárselo a nuestros descendientes y no prejuzgar cómo va a ser. Lo que no significa que tengamos que actuar irresponsablemente, ni mucho menos. Todo lo contrario, si tenemos un mínimo de personalidad, convendremos en que nuestra obligación es dejar a los que vengan detrás un mundo mejor, o al menos, no peor que este que nos ha tocado a nosotros. Por eso debemos pensar en las consecuencias de nuestros actos –por ejemplo, en lo que toca a las cuestiones ambientales-.

Lo que ha cambiado radicalmente en el siglo XX es la percepción del futuro. La Ilustración nos legó en herencia un puñado de ideales que constituyen el fundamento moral de nuestra civilización. Pero también nos dejó el legado de las ilusiones acerca del Progreso. Y esas ilusiones son las que se han acabado en el siglo XX. Por eso, una ‘izquierda’ que se funda en un futuro ilusorio para la humanidad, en un mundo de abundancia como Jauja de las fantasías populares, no tiene nada que decirnos en el siglo XXI. Estoy pensando en Breznev proclamando el comunismo en la extinta U.R.S.S., o en Stalin imponiendo un desarrollo de las fuerzas productivas fundado en el terror. Pero también en los socialdemócratas prometiendo el desarrollo económico sin fin del capitalismo y el bienestar consumista. Son corrientes de pensamiento en dependencia de la idea ilustrada de Progreso, una izquierda con connotaciones liberales. Y es para éstos que Cuba puede ser un ‘problema difícil’. Ya nos advirtió Walter Benjamin que una izquierda no reformista y revolucionaria no se fundaría en la idea de un futuro mejor, el paraíso postcapitalista, sino en la idea de una justicia que se realiza en la historia, es decir, en la memoria de las víctimas.

Esa izquierda progresista contaminada de utilitarismo, considera que la felicidad es la satisfacción de múltiples necesidades y deseos a través de los bienes producidos socialmente. El otro día vi un mapa sobre el sufrimiento humano, producido por una ONG respetable y políticamente correcta, en la que los países occidentales gozaban de una envidiable posición en el ránking de la felicidad, entendida como la satisfacción de necesidades gracias al consumo de bienes. Así, la ausencia de sufrimiento se entiende como acceso a los productos del mercado, y los países pobres son también países sufrientes. Cuba aparece entre los países que no han conseguido alcanzar el máximo de felicidad que permite el mercado; por tanto, un país no deseable.

Conviene aclarar el origen del equívoco, que a mi juicio está en una interpretación de marxismo con raíces en la tendencia socialdemócrata, aunque aparezca disfrazada de comunismo; ésta prometía que el socialismo iba a ser un modo de producción más eficaz en la creación de utilidades públicas. Pero ¿qué hemos de entender por utilidades? A veces parece que se entienden esas utilidades como bienes de consumo, lo que debe ser radicalmente corregido.

La versión del marxismo que se practicó en la U.R.S.S. -y que se estrelló contra la realidad-, proclamó la superioridad económica del socialismo, pero no fue capaz de demostrarlo. En realidad se limitó a imitar las técnicas más avanzadas de producción capitalista, como el fordismo y el taylorismo, en condiciones de planificación política de la economía. Una versión que está dispuesta a militar en el comunismo sólo en la medida en que resulta necesario para el desarrollo económico de países periféricos, como en el caso actual de la República China. Es claro que eso es insatisfactorio, aunque no se le puedan negar a países como China o Rusia su derecho al desarrollo.

El socialismo será un sistema de máximo bienestar para el pueblo, no me cabe duda, pero habrá que saber en qué consiste ese bienestar y qué máximo es posible alcanzar. Tener coches para todos los ciudadanos no es posible de alcanzar, y ni siquiera es bienestar. Y es cierto que la economía marxista debe sustituir los valores monetarios del marcado por la utilidad de los bienes; pero hay que descubrir qué es útil a los ciudadanos: ¿tal vez, el conocimiento y la salud?; ¿por eso en Cuba se ha construido un extraordinario edificio estatal que produce educación y sanidad para los ciudadanos?

Quizás alguien esté pensando en aquellos ciudadanos que prefieren tener un coche último modelo, antes que saber resolver un algoritmo matemático, aunque sea de los más sencillos. Entre mis alumnos abundan este tipo de ciudadanos producidos en masa por el sistema social en el que vivimos. El único problema que tienen esas preferencias es que son injustas: es imposible que todo el mundo pueda disfrutar de un coche último modelo, y si uno lo disfruta es que algún tipo de fraude se está produciendo.

¿Qué izquierda, pues?

Pero el mundo da muchas vueltas y en cincuenta años la izquierda ha evolucionado mucho. En primer lugar, la gente inteligente, bien informada y sin prejuicios partidistas, se ha hecho ecologista al darse cuenta de la magnitud imponderable de la crisis ambiental creada por el capitalismo. Para esta izquierda el problema difícil no es Cuba, se lo aseguro, puesto que Cuba es un país sostenible según las investigaciones realizadas por una ONG nada sospechosa (ADENA-WWF en su Informe Planeta Vivo 2006). Eso demuestra que Cuba no es un problema de difícil solución desde el punto de vista ecológico; por el contrario, Cuba es la solución al difícil problema ambiental de la sociedad capitalista tardía, que se origina por la necesidad y la costumbre de consumir sin tasa ni moderación, lo que nos lleva al colapso ecológico y el desastre ambiental.

Son aquellos izquierdistas que consideran que se trata de producir más y mejor bienes de consumo para satisfacer sin restricciones cualesquiera necesidades o deseos humanos los que temen que Cuba sea la verdad del socialismo como única posibilidad de la humanidad futura. Izquierda liberalizante o socialdemocráta, que creen en sofismas del tipo ‘vicios privados, públicas virtudes’, hay que multiplicar los deseos y necesidades para incrementar la producción; la naturaleza humana como un pozo sin fondo de deseo insaciables excitado por la publicidad.

El problema es definir la felicidad, y es aquí donde esa izquierda se muestra como una segunda versión de la tradición capitalista. Pero la exploración del concepto de felicidad por los individuos de la especie humana es mucho más rica y variada de lo que suponen los izquierdistas contaminados de capitalismo. Podríamos hablar de la felicidad masoquista de los cristianos –participando de la pasión de Cristo por el sufrimiento-, pero es claro que parece inaceptable en ciertos ambientes. Es más justo mencionar la coherencia moral de la ética clásica griega, que conocemos a través de la filosofía, y que cifraba la felicidad en el autodominio de la personalidad por la razón humana, la capacidad reflexiva y el conocimiento de sí mismo. Este es un programa de felicidad mucho más coherente con los problemas ambientales de la coyuntura histórica, que exigen la moderación del consumo y una extraordinaria racionalidad de la producción económica; si es que de verdad queremos resolver esos problemas.

Lo que nos muestra esa tradición filosófica -que es la nuestra-, es que los ideales juegan un papel importante en la construcción de la personalidad individual. Y aquí aparece otro de los aspectos de lo que hemos llamado hasta ahora ‘izquierda’, lo que Marx llamaba el ‘materialismo vulgar’, un materialismo sin ideales –y que un poeta de nuestro pagos definió como ‘ciencia sin raíces’-. Un aspecto fundamental de una sociedad avanzada son sus personalidades formadas mediante una conciencia basada en ideales –y el ideal evidente de la satisfacción de los Derechos Humanos de todos y cada uno de los seres humanos-.

En este sentido la República de Cuba y sus ciudadanos son ejemplares. Admirable es que uno encuentre médicos, educadores y asistentes cubanos entre los desheredados de la tierra, resolviendo algunas necesidades básicas y nada espúreas. Es claro que esa atención no genera dividendos ni permite aumentar en mucho el consumo. Por tanto, que no vengan a hablar de los derechos de la minoría cubana liberal, que quiere hacer valer su derecho al consumo y está dispuesta a apoyar el uso del terrorismo para acabar con el socialismo. La libertad de mercado, defendida por las armas del Imperio, frente a las numerosas libertades y derechos a los que una persona se hace acreedora en pleno siglo XXI. Como todos saben, Cuba ha pertenecido a la Comisión de Derechos Humanos de la O.N.U., organismo de máxima confianza en este terreno. Comisión que por otra parte ha condenado reiteradamente a algunos países que presumen de democráticos.

Por tanto yo diría que necesitamos otra definición de ‘izquierda’, si queremos hacer compatible la realidad que la experiencia cubana nos muestra y nuestro deseo de transfomar el mundo. No vale cualquier modelo, por más ilusiones que nos hagamos; vale el modelo que resiste la prueba de la práctica. Y lo que propongo es una izquierda que se caracterice por el combate a favor de lo que vamos a llamar la ‘profundización de la democracia’, esto es, la extensión y la radicalización de los derechos democráticos de la ciudadanía, la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones que les afectan, la resolución de los problemas humanos a partir de la conciencia personal y no mediante tecnologías más o meno sofisticadas. La resolución moral de los problemas y no la solución técnica.

No quiero decir que no haya que progresar científica y tecnológicamente. Pero hay que saber que cada transformación tecnológica exige modificaciones en la cultura y en las instituciones sociales, y por tanto también en la moral pública y la conciencia de las personas. El tremendo problema del crecimiento de la población mundial, tiene una sencilla solución en la emancipación de las mujeres respecto del yugo machista. Está comprobado que la independencia de las mujeres es mucho más eficaz para hacer descender la tasa de natalidad, que una legión de médicos recetando anticonceptivos o practicando operaciones de esterilización forzosa. Y la emancipación de las mujeres es una cuestión moral, no técnica.

Y esto es así porque estamos llegando a los límites del desarrollismo capitalista, con la destrucción ambiental y el agotamiento de las materias primas. Por lo tanto, señores socialdemócratas vayan revisando su doctrina, porque el mundo se acaba en la próxima esquina del tiempo, a menos que seamos capaces de vivir de otra forma. Cosa, por lo demás, que sería cada vez más dudosa después de varias décadas de neoliberalismo, sino fuera porque Cuba está ahí para darnos la esperanza; Cuba, la auténtica esperanza de la humanidad. En América Latina han empezado a comprenderlo. En Europa quedan muchos años para reconocerlo.

Escrito hace 8 months a las 12:10 pm.

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May 24

Descanso obligatorio: O cómo claudicar sin ayuda y sin esfuerzo

Santiago Alba Rico, brillante siempre:

“Maneje su carro con un solo dedo”, “conozca el mundo sin salir de casa”, “endurezca sus glúteos sin levantarse del sillón”, “hágase millonario sin esfuerzo”, “compre desde su hogar”, “lo hacemos todo por usted”, “hable más tiempo, más lejos, más barato”, “beba, coma, duerma, rásquese, mire”, “no lo piense más: haga daño”, “nosotros disparamos mientras usted descansa”, “produzca diez toneladas de basura con un solo euro”, “mate más niños a menos precio”, “mutílese gratis”, “destruya el planeta desde la pantalla de su ordenador”, “no lea, no piense, no luche, no se canse, no viva: vea la televisión”.

Con poco dinero y casi sin ningún trabajo, es verdad, se puede renunciar a la libertad e incluso a la supervivencia. Lo único que no cuesta nada es la esclavitud; lo único que no requiere esfuerzo es la derrota; lo más cómodo de todo es dejarse destruir. Sin manos, desde casa, con un solo dedo, dejando resbalar apenas la mirada sobre una superficie plana se introducen muchos más efectos que levantando piedras o cortando leña (o, claro, construyendo escuelas o curando heridas). Los monjes y eremitas medievales se retiraban del mundo, y lo contemplaban desde fuera, para no intervenir en él; las clases medias capitalistas, al contrario, se refugian en la contemplación como en la más eficaz y destructiva forma de intervención. Por eso, y no por nostalgias reaccionarias o cristianas vocaciones de martirio, hay que desconfiar de todo lo que puede hacer uno mismo sin ayuda y de todo lo que podemos lograr sin demasiada fatiga. En una sociedad que da tantas facilidades para perder el juicio, que hace tan llevadero matarse y tan irresistiblemente placentero dejar caer las cosas al suelo, que proporciona tantas comodidades para que aumentemos nuestra ignorancia y concede tan generosos créditos y subvenciones para que despreciemos a los otros o hagamos ricas a las multinacionales, podemos tener la casi total seguridad de que si algo nos da pereza –si algo nos molesta- es porque vale la pena. En una sociedad que nos obliga precisamente a no hacer ningún esfuerzo, que nos impone la pasividad más divertida, que nos fuerza a no sentirnos jamás incómodos, perturbados o vigilantes, que nos constriñe tiránicamente a estar siempre satisfechos, podemos estar casi seguros de que precisamente todo aquello que no queremos hacer nos vuelve un poco más libres. En una sociedad tan totalitariamente favorable, tan poderosamente benigna, tan dictatorialmente confortable, he acabado por adoptar este principio: si algo no me gusta, es que es bueno; si no lo deseo es que es bello; si no tengo ganas de hacerlo, es que es liberador. Cada vez apetece menos leer, ser solidario, mirar un árbol: he ahí el deber, he ahí la libertad. Cada vez nos cuesta menos ver la televisión, conectarnos a Internet, usar el celular: he ahí una manifestación tan feroz del poder ajeno y de la propia sumisión como lo son la explotación laboral o la prisión.

Eso que el filósofo Bernard Stiegler llama “proletarización” del consumidor, privado del control sobre su ocio al igual que el obrero está privado del control sobre su trabajo, no puede separarse de ciertos medios – las nuevas tecnologías- que conviene juzgar también desde este punto de vista antes de incorporarlas acríticamente a nuestra existencia como instrumentos de emancipación. He dicho otras veces que la diferencia entre un martillo y una conexión a Internet es la que existe entre una herramienta, prolongación del cuerpo en el mundo, y un órgano, que es siempre, por el contrario, la intromisión del mundo en el propio cuerpo. Es más fácil manejar el propio riñón que el propio martillo y por eso es más difícil vivir sin un riñón que vivir sin un martillo. Pero es más fácil imponer nuestra voluntad a un martillo que a un riñón y por eso es más difícil ser esclavizado por un martillo que por un riñón. La facilidad tecnológica, como la facilidad consumidora (y por razones muy parecidas), es una dictadura orgánica frente a la cual nuestra única libertad posible consiste en defendernos de ella. Frente a un martillo somos libres cuando nos decidimos a usarlo; frente a un riñón, sólo seríamos libres si pudiésemos decidir no usarlo. Por la misma razón, somos libres cuando abrimos un libro; pero sólo somos libres cuando cerramos el ordenador (o el celular o la televisión).

Ahora bien, una libertad sólo negativa frente a un órgano vivo es una locura; es casi un delito; es, en cualquier caso, una autolesión. No es libertad. La evidencia de esta limitación de la voluntad introducida en nuestras vidas por la televisión o por Internet, tanto más restrictiva cuanto más se multiplican los canales y las páginas digitales, se manifiesta en el hecho de que la única opción verdaderamente libre frente a ellas (el off) es la violencia. En la antigua Roma, el fuego del templo de las vestales debía mantenerse siempre encendido como condición misma de la continuidad de la vida; y su extinción, castigada de la forma más severa, era al mismo tiempo una catástrofe y la causa de nuevas catástrofes. Hoy, la continuidad de la vida está garantizada por los flujos de imágenes ininterrumpidos de las redes informáticas y televisivas; mientras nosotros dormimos, nuestro riñón funciona; mientras nosotros dormimos, la CNN sigue emitiendo; mientras nosotros dormimos, Internet sigue activo. La Vida no está ya en los templos ni en las fábricas metalúrgicas ni –por supuesto- en el ojo siempre vigilante del Dios omnipotente; las nuevas tecnologías, frente a cuyas imágenes manufacturadas pasamos muchas más horas que frente a nuestras montañas, nuestros hijos o nuestros novios, han sustituido y concentrado todos estas funciones biológicas y religiosas. Ellas son la Vida, de la que intermitentemente, en ratos ciegos, cuando nos apartamos de la mesa o del salón para preparar la comida, ir al trabajo, frecuentar a los amigos o sencillamente tomar el sol, quedamos trágicamente fuera. ¿Desconectarnos de Internet? ¿Apagar la televisión? Distintos estudios sociológicos han llamado la atención sobre la angustia que, sobre todo en los sectores más vulnerables, produce una pantalla oscura. La única decisión verdaderamente libre que podemos tomar una vez las nuevas tecnologías han entrado en casa (la de apagarlas) se parece bastante a una eutanasia. Es como si todos los días tuviésemos que asumir la responsabilidad de dejar morir a un pariente hospitalizado; como si todos los días se nos exigiese el gesto repetido (castigo griego, como el de Sísifo o Prometeo) de desconectar nuestro cuerpo de los cables y aparatos que lo mantienen conectado a la Vida. Demasiada responsabilidad para que la asuman los ancianos, los niños, los solitarios, los deprimidos, los abandonados, los cansados, que son la mayoría en este mundo.

La ilusión de la Vida habrá que combatirla recuperando la sociedad misma en el exterior. Pero la tecnología audiovisual no es sólo una ilusión: es también un formato, un aparato. Y si la memoria política y moral de la humanidad puede borrarse de un plumazo, no ocurre lo mismo con la memoria tecnológica. La humanidad futura sabrá fabricar la bomba atómica; la humanidad futura tendrá televisión y telefonía móvil y riñones informáticos que no se dejarán nunca manejar del todo. Precisamente por eso es necesario recuperar la sociedad misma; porque la única manera de frenar la tecnología, e incluso de usarla a nuestro favor, es que la gestione una sociedad consciente y libre y no la voluntad individual de miles de apetencias y gustos y caprichos activados –y emocionados- por la facilidad inmensa, y el placer insuperable, de hacerlo todo pedazos sin moverse del sillón.

Escrito hace 8 months, 3 weeks a las 3:44 pm.

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# Somalia envenenada [0 comentarios] :

Un aforismo español afirma que, a río revuelto, ganancia de pescadores. En este caso, los pescadores que ganan son los de las decenas de países que pescan en aguas de Somalia sin pagar ninguna clase de arancel y cuya ganancia asciende, según el Congreso Somalí de Canadá, a 300 millones de dólares anuales. Tampoco es parca la ganancia de las navieras y comerciantes que necesitan pasar por aguas somalís, pues esquivando Yemen ahorran cientos de millones de dólares. Pero hay otros pescadores peculiares, pescadores que, más que pescar, hacen lo contrario, es decir, arrojar cargas envenenadas por la borda cuando nadie mira. Leer +


May 24

El despertar de una esperanza

Alfonso Sastre:

Sombra.- Lo veo a usted así como contento esta mañana. ¿Es porque el Tribunal Constitucional ha cancelado, o como se diga, la anulación del Tribunal Supremo de esa Candidatura Internacionalista que -usted sabrá por qué- encabeza para «ir a Europa», como suelen decir?

Sastre.- Sí, es por eso.

Sombra.- ¿Y es por eso por lo que acaba de poner este título a su artículo: «el despertar de una esperanza»? ¿Es que le parece que esta decisión, a tan alto nivel, conlleva ese «despertar»? ¿Tan esperanzado se ve hoy, cuando tan desesperanzado se encontraba todavía ayer?

Sastre.- No, no, no es eso exactamente, aunque también puede ser.

Sombra.- Entonces, explíquese, caramba.

Sastre.- Yo estoy contento porque hemos llegado a un buen puerto, y se ha reconocido en tan alta instancia nuestro derecho a tener opiniones diferentes y aún opuestas al pensamiento oficial, y me congratulo de haber estado con mis compañeros en las difíciles jornadas de nuestra batalla, con perdón, ¡Aleluia, pues, queridos compañeros (el plural es omnigenérico) Doris Benegas, Ángeles Maestro, Alicia Hermida, Jaime Losada, Carlo Frabetti, y quienes nos han acompañado y nos acompañan (muchos, amigos de toda la vida, compañeros del alma, y otros, nuevos camaradas) en lo que hemos, más bien habéis, hecho y conseguido!

Sombra.- (reflexiva) Compañeros, camaradas… ¿Qué quiere decir eso? ¿Ser de un partido?

Sastre.- (se ríe) No, aunque pueda ser… Compañero es quien comparte su pan con otra persona… Camarada, quien comparte su cama, o por lo menos, su cámara, el hogar o la casa en la que vive.

Sombra.- (sorprendida) Eso no se: suele saber.

Sastre.- (vuelve a reír) Tampoco hace falta. Es mera etimología. Bueno, tampoco yo estoy muy seguro de que sea así. En cualquier caso, y de eso sí estoy seguro, es gente que se quiere y que, muchas veces, además se admira mutuamente. Con este artículo quiero expresar yo esta admiración, eso para empezar, y más ahora que habrá comenzado la campaña y que yo no podré estar en ella, por la situación delicada de mi salud.

Sombra.- ¿Y entonces? ¿Esa es su alegría? ¿No tanto la buena noticia política para ustedes como el encontrarse entre buenos amigos?

Sastre.- Tampoco, tampoco exactamente. El despertar de una esperanza lo refiero más bien al fenómeno de solidaridad que se ha producido con motivo de la existencia de nuestra candidatura y, más aún, a la gran calidad de los testimonios de esa solidaridad, cristalizada en numerosos artículos, mensajes colectivos y cartas, que han evidenciado el alto nivel intelectual en que se halla una buena parte de las gentes -intelectuales y artistas, pero también ciudadanos en general- que están en desacuerdo con cómo van las cosas en la vida social y política, referido, en esta ocasión, al tema de lo que está ocurriendo en nuestra vecindad y, en general, al fundamento teórico de la necesidad práctica de que emerja un nuevo mundo. «¡Un nuevo mundo es posible!», es, pues, un grito que no parte de unos cuantos iluminados utópicos a la vieja usanza decimonónica sino, a estas alturas, de personas estudiosas y sensibles que viven en todo el mundo, o, al menos, en muchas partes del mundo. Forman parte de este fenómeno los muchos centenares de firmantes del escrito elaborado en Venezuela por el Movimiento en Defensa de la Humanidad, en solidaridad con nuestra candidatura cuando estaba anulada y que firmaron en seguida muchas personas en América y en Europa. Sería deseable que al menos una gran parte de los muchos materiales que se han acumulado sobre nuestras mesas en estas circunstancias, y que probablemente han influido en la apertura de nuestro proceso a la legalidad, cuando todo parecía destinado a la imposibilidad de seguir adelante, sean recogidos en un libro, que sería muy valioso, y documentaría lo que yo estoy diciéndote ahora.

Sombra.- (se ha quedado pensativa) Usted ha lamentado a veces la fuga de muchos pensadores de izquierda radical a la derecha o al escepticismo y la huida a sus respectivas casas privadas y a la inoperancia consiguiente como un proceso que comportaba la seria tentación del pesimismo, por no hablar de quienes desde posiciones de izquierda hoy forman parte de los defensores a capa y espada de la situación hoy planetariamente dominante («un orden nuevo», «globalización» imperialista), posterior al derrumbamiento del socialismo real; cuya biblia -la del Nuevo Orden- era y es aún «El final de la historia»; y el neoliberalismo como el único camino posible, que, claro está, no es un camino, porque no conduce a ninguna parte que no sea una mayor miseria y a los mayores infortunios, como está siendo suficientemente probado durante los últimos tiempos.

Sombra.- Ya sé lo que usted piensa sobre todo esto, pero dígalo.

Sastre.- ¿Qué es eso de que hablas?

Sombra.- Lo de la nueva utopía, abanderada ahora en países como Venezuela.

Sastre.- Es preferible que eso se lea en mis libros. Para este artículo, a mí me basta con decir que si llegamos a obtener un lugar en Europa, quien o quienes obtengan ese lugar, harán de él un altavoz de los condenados de la tierra («Debout les damnés de la terre!»), y de los planteamientos propios de los pueblos frente a los de los mercaderes que todavía -¿y hasta cuándo será?- enseñorean aquellos lugares en los que se reúnen, hoy por hoy, portadores de los grandes intereses económicos dominantes en el mundo. (Pero también hay una Europa de nuestros sueños, y yo ahora recuerdo a uno de mis primeros personajes que decía sentir «la emoción europea». La obra se titula «Cargamento de sueños» y el personaje era yo).

Sombra.- (recordando) Pero también aquella Europa era un infierno. ¿No es así, maestro?

Sastre.- Ah, ¿tú te acuerdas de eso?

Sombra.- (recitativa, poética) «El infierno es… largas tardes de lluvia, y, a veces, no saber adónde ir… Consolarse de la melancolía en un viejo café bajo las doradas lámparas de luz de gas que ya nadie enciende… Y sentir a Europa dentro como una vieja canción».

Sastre.- Ay, sombra. No me lleves este artículo por otro lado.

Sombra.- Usted perdone.

Sastre.- Dejémoslo, pues, en lo ya dicho. Por el triunfo de nuestra candidatura, si se confirma el día 7 de junio en las urnas, será posible la presencia en Europa de ideas revolucionarias, hoy por hoy utópicas (por imposibilitadas, no por imposibles), y la resonancia en Estrasburgo de la voz de los sin voz. Tampoco quisiera dejar sin decir que he sentido alegría ante el insólito resplandor democrático que emana de la sentencia del Tribunal Constitucional, en su unanimidad. Si no fuera una mera anécdota ocasional debida a causas que desconozco, sería una gran noticia, quizás la más importante de todas. La unanimidad a que acabo de referirme es, desde luego, una buena señal.

Sombra.- ¿Algo más, maestro?

Sastre.- (muy fatigado) ¿Te parece poco?

Alfonso Sastre Dramaturgo

Escrito hace 8 months, 3 weeks a las 3:36 pm.

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May 13

¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan?

Por Eduardo Galeano

Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza.

¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés?

El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración?

¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío y legalizó la tortura y mandó aplicarla?

¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden?

Según la revista Foreign Policy, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos o los especuladores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompensas por sus afanes?

¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan?

¿Por qué la justicia es ciega de un solo ojo? Wal Mart, la empresa más poderosa de todas, prohíbe los sindicatos. McDonald’s, también. ¿Por qué estas empresas violan, con delincuente impunidad, la ley internacional? ¿Será porque en el mundo de nuestro tiempo el trabajo vale menos que la basura y menos todavía valen los derechos de los trabajadores?

¿Quiénes son los justos y quiénes los injustos? Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?

¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en las Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de “crimen organizado”?

Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.

Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina tres millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren quince niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?

¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?

¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.

Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.

En el mundo al revés, dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Cuando el presidente Evo Morales inició la refundación de Bolivia, para que este país de mayoría indígena dejara de tener vergüenza de mirarse al espejo, provocó pánico. Este desafío era catastrófico desde el punto de vista del orden racista tradicional, que decía ser el único orden posible: Evo era, traía el caos y la violencia, y por su culpa la unidad nacional iba a estallar, rota en pedazos. Y cuando el presidente ecuatoriano Correa anunció que se negaba a pagar las deudas no legítimas, la noticia produjo terror en el mundo financiero y el Ecuador fue amenazado con terribles castigos, por estar dando tan mal ejemplo. Si las dictaduras militares y los políticos ladrones han sido siempre mimados por la banca internacional, ¿no nos hemos acostumbrado ya a aceptar como fatalidad del destino que el pueblo pague el garrote que lo golpea y la codicia que lo saquea?

Pero, ¿será que han sido divorciados para siempre jamás el sentido común y la justicia?

¿No nacieron para caminar juntos, bien pegaditos, el sentido común y la justicia?

¿No es de sentido común, y también de justicia, ese lema de las feministas que dicen que si nosotros, los machos, quedáramos embarazados, el aborto sería libre? ¿Por qué no se legaliza el derecho al aborto? ¿Será porque entonces dejaría de ser el privilegio de las mujeres que pueden pagarlo y de los médicos que pueden cobrarlo?

Lo mismo ocurre con otro escandaloso caso de negación de la justicia y el sentido común: ¿por qué no se legaliza la droga? ¿Acaso no es, como el aborto, un tema de salud pública? Y el país que más drogadictos contiene, ¿qué autoridad moral tiene para condenar a quienes abastecen su demanda? ¿Y por qué los grandes medios de comunicación, tan consagrados a la guerra contra el flagelo de la droga, jamás dicen que proviene de Afganistán casi toda la heroína que se consume en el mundo? ¿Quién manda en Afganistán? ¿No es ese un país militarmente ocupado por el mesiánico país que se atribuye la misión de salvarnos a todos?

¿Por qué no se legalizan las drogas de una buena vez? ¿No será porque brindan el mejor pretexto para las invasiones militares, además de brindar las más jugosas ganancias a los grandes bancos que en las noches trabajan como lavanderías?

Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos. Una de las consecuencias de la crisis mundial es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común, y alguito de sentido de la justicia ¿no tendríamos que celebrar esa buena noticia? ¿O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia, desde el punto de vista de la naturaleza, que estará un poquito menos envenenada, y de los peatones, que morirán un poquito menos?

Según Lewis Carroll, la Reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el país de las maravillas:

–Ahí lo tienes –dijo la Reina–. Está encerrado en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles. Y por supuesto, el crimen será cometido al final.

En El Salvador, el arzobispo Oscar Arnulfo Romero comprobó que la justicia, como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. El murió a balazos, por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados, por delito de nacimiento.

El resultado de las recientes elecciones en El Salvador, ¿no es de alguna manera un homenaje? ¿Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa en el reino de la injusticia?

A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego.

Escrito hace 9 months a las 6:27 am.

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# Beneficiadas un millón 600 mil personas con Misión Milagro [0 comentarios] :

Internacionalismo: Los oftalmólogos cubanos que laboran en la Misión Milagro en Nicaragua superaron las 50 mil cirugías, informó este jueves la coordinadora del grupo, doctora Mercedes Argote. / El presidente boliviano, Evo Morales, reconoció hoy la labor de los médicos cubanos que propició hasta la fecha 400 mil operaciones de la vista, como parte de la Misión Milagro en este país (Bolivia). Más información +


May 12

Petroleo y revolución

Alba Rico siempre tiene algo que aportar:

Ningún placer se puede comparar –ni el sexo ni la velocidad ni el supermercado- al de saber algo y poder transmitirlo en voz alta, como lo demuestra el ejemplo universal del viandante oscuro que, preguntado en la calle por una dirección, se vuelve repentinamente sabio, alegre, locuaz, bueno y hasta feliz. Pero para saber que sabemos algo, como sabía Platón, es necesario que nos pregunten, pues es precisamente “la espera atenta de una respuesta” (el contrato nuevo del preguntar mismo) el que nos permite descubrir de pronto que también nosotros, hasta ese momento ignorantes, indignos y despreciables, tenemos algo que decir y que, aún más, tenemos también los recursos mentales para decirlo. Eso es la revolución. Eso es el socialismo. Hace ahora diez años los venezolanos se preguntaron por primera vez los unos a los otros, esperaron atentamente la respuesta y resultó que todos tenían algo que decir en voz alta, algo que decirse sin vergüenza y con argumentos, algo importante que comunicar al resto del mundo. A los que faltaban las palabras, la revolución bolivariana les dio nuevas instituciones –para la acumulación y la difusión- y una verdadera epidemia de proyectos participativos comenzó a curar a un pueblo hasta entonces herido y silenciado: Misiones, Núcleos de Desarrollo Endógeno, Aldeas Universitarias, Consejos Comunales, radios y televisiones comunitarias, etc. Si algo impresiona hoy de Venezuela es que una gran parte de su población, entre los 4 y los 84 años, se pasa el día aprendiendo y enseñando, enseñando y aprendiendo, y ello con la felicidad inigualable que acompaña al placer superior de retirarse las legañas de los ojos y saber lo que uno se trae entre las manos. “Éramos seres humanos y no lo sabíamos”, me dice Carmen en la Casa del Poder Comunal de Chapellín, una barriada de Caracas. “Antes a los intelectuales nosotros los veíamos por la televisión y ahora vienen ustedes a preguntarnos”, me dice Manuel, miembro de una cooperativa del núcleo Fabricio Ojeda. Venezuela es uno de los países del mundo donde más fácil es enamorarse y más difícil estar de mal humor. Ninguna miss universo de cuerpo neumático, ninguna modelo esculpida en plástico puede rivalizar en belleza con estas amas de casa panzudas y desafiantes, con estas trabajadoras trabajadas por la vida, de pechos caídos y hombros altivos, rejuvenecidas en la cuna de la conciencia. Ningún actor de Hollywood moldeado en quirófanos y gimnasios puede hacer sombra a estos agrietados mortales que demuestran con su estatura nueva que es la dignidad política la que hace buenos, felices, listos y deseables a los seres humanos.

Pero el amor también necesita combustible. Venezuela tiene una ventaja: petróleo. Venezuela tiene un problema: petróleo. Un país con petróleo puede comprar alimentos ya hechos en lugar de hacerlos; puede comprar ingenieros y físicos y profesores ya hechos en lugar de hacerlos; puede comprar una cultura ya hecha en lugar de hacerla. Así ocurre bajo el capitalismo. Pero un país con petróleo y ansias de justicia puede también comprar una revolución ya hecha en lugar de hacerla o en lugar de dejar que la hagan sus ciudadanos. La ingente riqueza petrolífera de Venezuela permitió al gobierno bolivariano construir –digamos- el socialismo al lado del capitalismo, en un mundo paralelo, poniendo en marcha una institucionalidad replicante, motor de logros sin precedentes, que ha cambiado más, sin embargo, a la población que a los dirigentes, que ha transformado más deprisa las conciencias que las estructuras. Es dudoso que esos dos mundos –Sambil y Bolívar, Nestlé y Marx- puedan convivir sin devorarse; es dudoso que el primero de esos mundos no esté ganando terreno. Diez años después del triunfo de Chávez, los mismos que lo llevaron al gobierno, los mismos que lo devolvieron a Miraflores en las jornadas de abril de 2002, los mismos que lo defienden con vehemencia y fundamento en los Consejos Comunales, en las barriadas, en las cooperativas, ven frenados sus proyectos por el Estado que los hizo posibles y se lamentan de ello. Mientras el capitalismo sigue obteniendo enormes beneficios, la reserva activa de la Cuarta República –la burocracia, la corrupción, el oscurantismo político- inyecta su cardenillo en el socialismo incipiente de la Quinta. Mientras el capitalismo gestiona a placer sus instituciones, no es seguro ya que el socialismo haga lo mismo con las suyas.

Lo que la Venezuela bolivariana ha hecho ya por todo el continente –y por el pensamiento político universal- será reconocido con independencia de lo que ocurra a partir de ahora. Pero cuando a un pueblo se le pregunta y se le deja responder, y descubre por primera vez la inteligencia, la felicidad, la belleza, la bondad (valga decir, la dignidad política) y eso después de siglos de silencio y de dolor, y sabe qué ha dejado detrás y quiere ir hacia delante, y anhela seguir aprendiendo y enseñando, enseñando y aprendiendo, no se conforma con el enamoramiento de los extranjeros ni con la cuota de progreso global que representa: quiere para sí mismo más felicidad, más inteligencia, más belleza y más bondad. Y eso es –o llamémoslo- el socialismo, el cual reclama no un mundo paralelo –no- sino el mundo entero.

Escrito hace 9 months a las 5:52 pm.

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# Las ventanas abiertas de América Latina [0 comentarios] :

En esta obra, difícil de clasificar como muchas otras de Galeano, el autor analiza la historia de América Latina de modo global desde la Colonización europea de América hasta la Latinoamérica contemporánea argumentando con crónicas y narraciones el constante saqueo de los recursos naturales de la región por parte de los imperios coloniales, entre los siglos XVI y XIX, y los Estados imperialistas, el Reino Unido y los Estados Unidos principalmente, desde el siglo XIX en adelante. > DESCARGAR PDF <